miércoles, 11 de marzo de 2015

Contra viento y marea!!!

Hay plantas que tienen su mérito. Sí señor!! Que la casualidad de que un pájaro (o la lluvia, o el viento...) lleve en su pico el hueso de una de las ciruelitas de un Prunus Cerasifera Pissardii encontrada probablemente a distancia del jardín y justo caiga a los pies de un níspero (Eriobotrya japonica) ya con solera, con unas ramas como un brazo de gruesas (y no hablemos de las raíces que debe tener este ejemplar!!) y que el hueso llegue a germinar y sin espacio, con una competencia casi desleal por la luz, por el agua y por los nutrientes, se abra camino y sean ya dos estaciones las que haya logrado florecer, tiene su mérito!! O no?


Hace unos meses mi amiga Pilar Bueno usó un término que me hizo muchísima gracia refiriéndose a que, en ocasiones,  "añoñamos" las plantas con tanto cuidado como les prodigamos e impedimos que se hagan fuertes y luchen por la supervivencia protegiéndolas demasiado. Qué razón tiene!! Pero otras en cambio, es justo todo lo contrario. Saben buscarse la vida en las peores condiciones posibles. Y lo logran!! Es tan increíble que haya logrado seguir vivo entre las ramas de este níspero...

El año pasado, viendo la floración tan bonita que tiene este "proyecto" de árbol decidí que cuando llegara el siguiente invierno trataría de trasplantarlo.
Pero la verdad, sabiendo que sacar las raíces del pobre prunus de entre las del níspero debe ser un trabajo de los de pensárselo antes de comenzarlo...lo fui dejando. Y cuando me he querido dar cuenta ha vuelto a florecer y ya es tarde!!
Me hacen gracia sus ciruelitas colgando luego durante la primavera y aunque va a ser difícil encontrarle un sitio en mi jardín de momento no voy a eliminarlo. Poner en peligro al níspero estoy convencida de que no lo va a lograr ajajjaja Aunque parece bravo este prunus...quién sabe!! jajajaj
 

Otro año más para el viejo Prunus armeniaca (Albaricoquero)

A primeros de junio del año pasado, con los frutos de mi Prunus armeniaca (Albaricoquero) hice unos cuantos tarros de mermelada. Creí que sería su última temporada porque es un arbolito frutal que está ya muy viejo y ha sufrido muchos años de descuido.
Pero no, hoy se han abierto de nuevo sus flores y aunque lucen sobre una estructura no todo lo airosa que yo quisiera, hay plantas en mi jardín a las que casi les perdono todo. Quizás no son los ejemplares más hermosos que uno pueda soñar pero teniendo en cuenta las vicisitudes por las que han pasado algunas de ellas, despiertan en mi una gran benevolencia con sus "fallos". Este albaricoquero es una de ellas.
Los años de malas podas (por llamar de alguna forma a los cortes salvajes que ha padecido), la falta de riego, el inexistente aporte de nutrientes al suelo... todo ha contribuido a que este pequeño arbolillo, ya de por sí con muchos años encima no haya llegado a este momento de su vida, quizás el final, en demasiadas buenas condiciones. Pero ahí sigue! Como un campeón!! A distancia, desde el huerto, la blancura de su floración ha llamado mi atención. Sus hermosas flores salpican destellos blancos a lo larga de sus tortuosas ramas aún desnudas de hojas. Qué lindas me parecen estas florecitas... con esos dorados estambres que tal parecen flotar sobre los pétalos.
Sus capullos rechonchos abrigados por sépalos de un brillante color carmesí lucen hoy como un ikebana en mi jardín y bien merece un respeto el tesón con el que se agarra a la vida y aunque que no sea el más hermoso de los frutales sigue siendo un viejecito ya con demasiado vivido encima para demasiadas exigencias. Un año más...Ya es bastante!! :)

División por estolones de una mata de violetas (Viola odorata)

Las violetas, Viola odorata es una vivaz rizomatosa magnífica para cubrir suelos algo umbríos. Existen muchísimas variedades y todas podemos utilizarlas como tapizantes en cualquier zona del jardín que no esté demasiado soleada

Incluso crece a la sombra de árboles y arbustos y allí dónde muchas plantas no podrían prosperar. Yo las tengo en el jardín trasero, en el lateral norte, en el que reciben algo de sol tempranero y quizás, en pleno verano, algo del sol de la tarde. 

Las matas de violetas de mi jardín han resistido perfectamente las heladas del invierno y aunque ahora mismo tienen alguna hojita seca están llenándose de flores y  parece que han empezado a retomar la actividad con fuerza. 
Florecen a partir de ahora, del final del invierno y permanecen en flor hasta que llegan los calores. Creo que todos conocemos el agradable aroma de sus flores. De hecho se utilizan en perfumería y en repostería precisamente por su aroma. Se mantienen perfectamente en forma durante el verano conservando sus bonitas hojas en condiciones más que aceptables y aunque cesa su floración el verde de sus acorazonadas hojas aporta sensación de frescura a la parte baja de los arbustos cerca de dónde crecen.

Aunque prefieren los terrenos con abundante materia orgánica y que tengan cierto grado de humedad no les favorece que el suelo esté encharcado. En el invierno, durante las heladas no conviene que se mojen demasiado. No las he regado en todo el invierno y creo que eso evita podredumbres de las hojas. Eso sí, en verano hay que prestar algo de atención a la hidratación y no dejarlas secar en exceso.
Una limpieza de hojas secas de vez en cuando y con los dedos, simplemente, ir retirando las flores marchitas las anima a permanecer floridas más tiempo.
Me parece una planta encantadora1! Tan chiquita (no levanta más allá de 15/20 cm) con sus hojas ligeramente pilosas en forma de corazón forman matitas compactas que se autoreproducen con facilidad.
En abril del año pasado puse en tierra algunas macetitas de las pequeñas (de las de  9 cm) y en este año todas han formado unas buenas matas y se han extendido bastante. Me gustaría bordear parte del camino del jardín trasero con estas violetas y esta tarde en un momento me he decidido a dividir estas matas de manera que de cada planta he sacado tres.
El proceso es muy sencillo. Estas plantas tienen una gran capacidad para extenderse mediante sus estolones (tallos rastreros) que brotan en los bordes de las matas. Estos tallos rastreros producen raíces en cuanto tocan la tierra permitiendo así formar plantas que pueden ser autónomas si las separamos de la planta madre.

El proceso para dividir las matas de violetas es el de cualquier otra vivaz.  Nos ayudamos con el filo de una pala recta ahondando alrededor de todo el perímetro de la planta a cierta profundidad. Como si fuéramos a desmoldar un flan.

Haciendo presión con la pala sacaremos con total facilidad el cepellón.

Una vez fuera, también valiéndonos del filo de la pala podremos dividir la mata en tantas partes como queramos siempre que contengan partes de hojas y por supuesto raíces.

Este es el momento para hacer una buena limpieza de las violas si lo precisan, retirando hojitas o tallos secos o partes dañadas de la planta.
A continuación sencillamente practicamos unos hoyos dónde tenemos pensado plantar las distintas partes en que las hemos dividido incorporando un puñadito de humus de lombriz en el fondo y, una vez situada dentro la planta, cubriremos con sustrato la base de la planta poniendo especial cuidado en dejar tapadas todas las raíces. Presionamos suavemente el suelo alrededor de la planta y terminamos con un buen riego.
Esta parte he querido plantarla en la base de un helecho para que crezca bajo sus frondas.

Et voilà!! Ya tenemos tres dónde teníamos una :) En unos meses estas plantitas que ahora son de un tamaño chiquito habrán formado una buena mata con sus preciosas flores pequeñas y deliciosamente perfumadas.

Por cierto, a ver si busco una receta para hacer violetas escarchadas. Si me animo a intentar hacerlas compartiré con vosotros el proceso. :)