jueves, 3 de julio de 2014

Rosal GOLDEN CELEBRATION, parece que comienza a salvarse...

Durante la primera semana de marzo desplanté del suelo de mi antiguo jardín un rosal precioso, GOLDEN CELEBRATION. Un rosal que florece en un amarillo dorado muy hermoso y de un aroma delicioso. Estaba ya bastante crecido y, aún sabiendo que debiera haberlo podado más, me dio pena, así que dejé ramas más largas de lo que debiera.
Se hizo del modo y en el momento inadecuados pero fue inevitable. Lo sacamos de la tierra cuando ya estaba brotado y además no logramos extraerlo con suficiente cepellón para no dañar en exceso las raicillas, en realidad prácticamente salió a raíz desnuda así que las probabilidades de supervivencia no eran demasiadas.
Una vez había brotado no debiéramos haberlo sacado de tierra, tendríamos que haber esperado al invierno en que la actividad vegetativa está parada pero eso no era posible, o lo sacábamos entonces o las posibilidades de hacerlo el siguiente invierno eran remotas así que había que arriesgarse.
El segundo error como digo fue no cortarlo más. Las pocas raíces eran claramente insuficientes para mantener en actividad tanto tallo como dejé. 
A pesar de que aquella misma tarde que lo sacamos de tierra lo metí inmediatamente en agua al llegar a casa para que se hidratara algo y así permaneció hasta el día siguiente en que lo planté, no tardaron en pasar apenas unos días cuando los primeros síntomas de que la cosa iba mal comenzaron a manifestarse. A pesar de los riegos constantes, los brotes comenzaron a decaer y a languidecer al cabo de una semana.
El tiempo que tardó el rosal en perder la poca energía que conservaba en sus pocas raíces y dejó de haber alimento y posibilidad de llevar agua a los brotes incipientes que tenía antes de ser trasplantado, no pasó de una semana. Poco a poco el rosal iba perdiendo sus hojas o tornándose tan secas que yo misma las iba retirando. 
Hasta que quedó sin hoja alguna.
Varios tallos fueron muriendo y los fui eliminando con la podadora. A mediados de abril este era el aspecto que presentaba: sin una hoja y sin actividad aparente alguna. Muerto no estaba pero brotar tampoco brotaba. Me fijaba en las yemas y no veía signo de actividad alguna en ellas. La verdad es que creí que probablemente acabaría por morir. Cada día arrodillaba en el suelo y lo miraba de cerca con una preocupación creciente.
Pero a primeros de mayo, sin poderlo asegurar, tuve la impresión de que algo en el aspecto de alguna de sus yemas había cambiado.
Mi naturaleza hace que siempre cuestione si las impresiones que tengo son reales o producto de mi deseo así que con interés creciente las observé durante los días siguientes...y sí, no era solo mi deseo, era una realidad, una de las yemas comenzó a tomar un color claramente rojizo... signo inequívoco de que comenzaba a tener actividad. 
Hasta bien pasada la mitad de junio  no empezaron a romper algunas yemas y a brotar de ellas las primeras hojitas.
El trasplante con la actividad vegetativa ya iniciada y con tan pocas raíces ha supuesto un gran stress para él y se ha tomado su tiempo para recuperarse de él pero está demostrando ser un gran campeón en cuanto a resistencia. A ver si nada se tuerce y seguimos con la misma línea.
Así está ahora (estas últimas fotografías son del 30 del mes pasado)...llenito de brotes nuevos...que me colman de alegría.
Ahora vuelvo a tener esperanzas de que este precioso rosal tenga bastantes probabilidades de salvarse.
Deseo intensamente que sea así y poder volver a disfrutar de sus deliciosas rosas.
Lo cierto es que he podido comprobar que los rosales son plantas más duras de lo que uno pudiera pensar, aguantan bastante "maltrato" y situaciones bastante adversas. Quizás el siguiente año de un trasplante no permite a un rosal una floración digna de tirar cohetes pero que se salve ya es un éxito suficiente para mí. Me conformo con que durante este verano/otoño vuelva a echar raíces y a generar ramas que la temporada que viene se cubran de capullos.
Estoy segura que, de salvarse definitivamente, se encontrará más a gusto que en su antigua ubicación dónde recibía sol en exceso. Allí las rosas apenas duraba bonita un par de días tras los cuales la excesiva insolación que recibían las hacía languidecer. Es un rosal para una fachada orientada al este u oeste pero no al sur, al menos en el clima de la Sierra de Madrid. En este jardín está plantado al lado de un lilo que le quitará sol del mediodía y junto a otro rosal no menos hermoso aunque de un estilo totalmente distinto: Sally Holmes, un precioso rosal de pétalos blancos y corazón amarillo, de rosa muy sencilla (Cinco o seis pétalos) cuyo color y sencillez contrastarán con la soberbia belleza de Golden Celebration
Los ingredientes: fortaleza del rosal, cuidado en la hidratación y mucha paciencia de mi parte para esperar algún síntoma alentador.


Cómo se plantan las clemátides (Clematis) para evitar el típico "marchitamiento"

En este caso he plantado una Clematis macropetala pero el sistema es el mismo para las demás variedades.

Las clemátides son trepadoras generalmente caducifolias (aunque también hay alguna variedad perennifolia). Lo que se enrolla no son los tallos, si no los peciolos foliares por lo que se hace imprescindible proporcionarles el soporte adecuado (celosía, alambrado, etc…). La mayor parte de variedades son totalmente resistentes a las heladas.
Existen variedades de floración en casi todos los meses del año. Las clemátides se dividen en TRES GRUPOS de acuerdo a  cuándo se produce esta floración y de sus hábitos de crecimiento,  se les debe aplicar un tipo u otro de podaTanto el segundo como el tercer grupo, tardan años en hacerse trepadoras frondosas y más bien son plantas de acompañamiento ya que solas resultan endebles y no cubren las paredes. No así el primero que forma en relativamente poco tiempo, grandes masas de vegetación y que hay que pensar bien el lugar dónde las ubicamos ya que precisan de mucho espacio.

Requerimientos de las clemátides

Requieren de un suelo húmedo, fresco y rico, más bien ácido.. Son plantas que precisan sol, pero no se dan bien en lugares donde reciben demasiadas horas de sol y este sol es achicharrante como el del centro de la Península. Podríamos decir que son plantas de semisombra o a pleno sol si se cultivan en el Norte de la Península.
El sol que quieren, lo quieren en "la cabeza" pero no en los pies. De ahí que sea sumamente importante plantarles por delante, en la parte baja una planta que les dé frescor y sombra en el cepellón o sencillamente ponerles una buena piedra encima para que la tierra no se recaliente y se mantenga fresquita. El lugar ideal para las clemátides es en fachadas orientadas al este o al oeste.
No sé si es un problema general pero cuando cultivaba mis clemátides en mi jardín anteiror, observé que tendían a faltarles hierro, Quizás este problema se me presentaba por del tipo de suelo que tenía en el jardín (bastante arcilloso). No lo sé. Periódicamente les echaba quelatos de hierro y con ello solucionaba el problema. En este nuevo jardín el suelo tiende a cierto grado de acidez con lo que es posible que no se me presente este problema
Sí he observado, no solo en mi jardín, sino también en los de otros foreros...que suelen ponerse feuchas tras la floración e incluso enfermar en verano. Las hojas se quedan secas, como “crujientes”. La temporada anterior, comenté con una amiga jardinera,  Rosa Hereu Altafulla que ella había probado a cortarlas muy bajas en verano tras la floracion, de modo que fomentó el rebrote y le volvieron a florecer en otoño. En mi caso observé lo mismo, que volvieron a rebrotar sanas cuando eliminé casi todas las ramas enfermizas. Lo de que vuelvan a florecer o no, no podría asegurar que sea provocado por esta poda de “urgencia” sino por las características de la propia planta. Quiero decir que no estoy segura que una clemátide que no florezca de modo natural en otoño lo haga porque la podemos en verano.

El marchitamiento de las Clemátides y cómo evitarlo.

Hay que tratar por todos los medios evitar algo que es bastante frecuente en las clemátides, una enfermedad que es algo así como una "muerte súbita", de repente la planta muere entera o algunas de sus ramas. Se trata de lo que se conoce como "el marchitamiento de las clemátides". El hongo que produce esta enfermedad absolutamente grave se llama Wilt. Actúa a nivel del suelo produciendo una necrosis en algunas o todas las ramas y provocando el marchitamiento de las mimas.
Este marchitamiento se produce por un ataque de este hongo a ras del suelo y en los 5/8 cm primeros bajo tierra, no más profundo.
Por tanto, un modo de evitar bastante este asunto, o más que evitar, "solucionar" es cuando plantamos la clemátide, hacerlo a bastante profundidad de manera que el nivel de la tierra de la maceta que hemos comprado quede como mínimo a 10 cm (mejor a 15 cm.) bajo el nivel del suelo de nuestro jardín. Al estar el punto desde dónde puede rebrotar la planta más hondo que el nivel al que puede llegar los efectos del hongo que la marchita la planta, aún cuando contraiga esta enfermedad, tendrá la posibilidad de rebrotar desde el nivel por debajo de dónde actúa la necrosis.
Así, cuando vemos afectado un tallo por el marchitamiento, ahondaremos en la tierra hasta dar con la parte con "necrosis" y cortaremos la rama por debajo de ese nivel. La tierra que hemos quitado para localizar ese punto la eliminaremos y la sustituiremos por tierra nueva y sana.
Si es toda la planta la que está afectada, quitaremos toda la tierra que rodea la zona por dónde salen los tallos del suelo hasta llegar a la base de las raíces, cortaremos todos los tallos por debajo de ese nivel necrosado y volveremos a cubrir con tierra nueva y sana. Al haber plantado a bastante profundidad habremos puesto a salvo las yemas basales de la planta, con lo que habremos dado a la planta la posibilidad de brotar por ahí.
Si queréis consultar información sobre estas preciosas plantas os pongo unos cuántos manuales que os servirán de ayuda por si alguién está interesado.
BIBLIOGRAFÍA:
  • "700 plantas trepadoras” Editorial De Vecchi
  • Arbustos y trepadoras. Manuel de identificación.Royal Horticultural Society. Editorial Blume.
  • “Árboles y arbustos de jardín. Manual de cultivo y conservación” Dr. D.G. Hessayon. Editorial Blume.
  • “Mi Hobby, el jardín” Martín Stangl. Editorial Blume
Bueno, una vez dicho esto vamos con la plantación de la clemátide.
He elegido para ella una ubicación en que recibirá el sol de la mañana y algo de la tarde pero no el del mediodía. A sus pies una una abelia y otras plantas que sombrearán la tierra que rodea su cepellón por lo que ésta zona no se recalentará.
Vamos a necesitar pala, podadora de mano, guantes, tierra ácida o un sustrato normal y de momento un par de tutores y unas bridas de plástico si no tenemos una celosía u otro tipo de soporte instalado sobre la pared que irá la clemátide.
Extraemos la planta de la maceta dónde se encuentra y medimos la profundidad del cepellón. En mi caso ya veis que tenia unos 15 cm. Aprovechamos este momento para eliminar cualquier tallo dañado o roto, hojas secas, etc.
Practicamos un buen hoyo que sea bastante superior en cuánto al diámetro al que tenga la maceta. 
Antes de comenzar a poner sustrato introducimos la planta en el hueco para comprobar que cabe ampliamente y ver a qué altura queda. 
Podéis observar en la fotografía siguiente que yo he hecho un hoyo de unos 40 cm de profundidad aproximadamente y de unos 50 de diámetro. Esto es un buen espacio suficientemente amplio para que las raíces de la clemátide tengan sitio dónde desarrollarse en un medio adecuado para ellas. 
Por lo que hace a la profundidad debemos pensar que tenemos que tener altura para poner algo de sustrato en el fondo del hoyo, sitio para el propio cepellón y al menos 15 cm por encima del nivel de éste hasta llegar al nivel del suelo de nuestro jardín.
Hay que tener en cuenta que siempre que plantemos una planta cerca de un muro o pared no es conveniente hacerlo demasiado próximo a ella porque en esta zona el suelo casi siempre es  es bastante seco y con pocos nutrientes.

Una vez tenemos seguridad de que tenemos las dimensiones adecuadas comenzamos a poner una base de sustrato antes de poner la planta en su lugar (yo he usado tierra ácida) bastante grueso para que las raíces en cuanto comiencen a extenderse lo hagan en una tierra adecuada y no directamente en el suelo del jardín.
Vamos añadiendo tierra alrededor del cepellón que iremos compactando un poco. 
Cuando tengamos medio lleno el hueco regamos un poco para que el sustrato quede húmedo en profundidad y esperamos a que el agua sea absorbida por la tierra.
Seguimos rellenando con tierra hasta llegar al nivel del suelo del jardín y compactamos bien la tierra alrededor de las planta.
A continuación regamos en profundidad y pondremos una especial atención en cuidar que la hidratación sea correcta hasta que la planta arraigue.

Y por último, una vez bien asentada la tierra clavamos un tutor y atamos con bridas la planta a él si no contamos con una celosía u otro tipo de soporte en la pared para que la planta vaya agarrándose.