domingo, 24 de febrero de 2019

Mi taller de trabajo. Un espacio para la actividad creativa.

Tengo muchísimas aficiones. Me encanta decorar piezas para decorar, realizar toda la ropa de casa como cortinas, sábanas, etc; me gusta pintar al óleo, decorar piezas de porcelana, repujar, pintar seda... en fin, me entusiasman los trabajos que podríamos llamar artísticos y decorativos y disponer de un buen espacio para desarrollar algunas de estas aficiones era algo con lo que llevaba tiempo soñando.
Estas aficiones, las pocas veces que durante estos últimos años he tenido tiempo para desarrollarlas, lo he hecho en el salón y la verdad,  conllevan sacar un montón de cacharros. Que si pinturas, que si herramientas... interrumpirlas cuando viene una visita o tener que desalojar la mesa del salón para comer era francamente incómodo. Además de que originaba un desorden que me resultaba difícil soportar.
Aunque dispongo de un espacioso garaje, los cincuenta metros que lo separan de la casa hacía que no fuera cómodo instalar allí el taller para este tipo de actividades. Ir con unas sábanas o unas cortinas arriba y abajo de la casa al taller a través del jardín para ir probando según voy confeccionándolas, lo cierto es que no es cómodo.
En realidad hace un par de años que incluso llegué a hacer un diseño de lo que podría ser mi taller. En aquel momento no eran más que  un sueño porque yo no había comprado mi casa todavía y no estaba dispuesta a invertir más sin tener garantías de continuidad en ella.

Prefería un espacio que tuviera muy a mano. Que me permitiera estar y salir de él desde la misma casa sin tener que pisar el exterior y no soportar el frío, la lluvia o el suelo helado en invierno cuando saliera de él. 
Y si iba a ser un espacio dónde me pasara muchas horas, la luz y la temperatura que hiciera dentro de él eran de suma importancia.
Mi casa tenía dos grandes terrazas. Una enorme, es la que ocupa todo el frontal sur de la vivienda. En este espacio por dar a él dos de los dormitorios y el salón y porque recibe todo el día sol, no era adecuado construir el taller. Demasiado calor y una luz excesivamente brillante.
Pero afortunadamente tenía otra mucho más pequeña pero que con sus más de treinta metros cuadros había espacio de sobra para construirlo. Tenía además algo impagable para mí. El estar orientada al este posibilitaría que el taller tuviera mucha luz pero no sol directo. Esto, cuando se pinta al óleo o se realizan trabajos artísticos con color en general es muy importante. El sol distorsiona los colores y si se es muy calurosa como yo y se vive en un clima como el mío, no resulta agradable estar en un espacio que se caldee demasiado en verano y cuya luz sea tan brillante que te distorsione la visión de lo que estás haciendo.
En esta terraza, cuando mi expareja y yo nos vinimos a vivir aquí, se construyó una especie de plataforma sobre el nivel del tejado de la casa. Se trataba de una estructura de acero que estaba anclada a la fachada de la casa y que se soportada sobre el suelo de esta terraza con unos postes verticales de metal y que permitía estar por encima del nivel de las copas de los árboles más altos del jardín.  Desde ella, él podía observar el firmamento con sus telescopios. 
Podría haber dejado esta plataforma construyendo el tejado del taller de manera que los postes que bajaban de ella lo traspasaran pero además de que estéticamente no era nada agradable de ver, sobretodo era riesgo de tener humedades si estos postes permanecían atravesando el futuro tejado. Yo tengo vértigo así que tenía claro que no me iba a subir a esta plataforma a ver el cielo y quería tener garantías de no tener problemas de humedades así que decidí eliminar la plataforma.
Dejar un pasillo de al menos un metro entre las fachadas del taller y la barandilla de la terraza que bordeaba esta terraza me permitiría pasar con la carretillas o simplemente poder rodear la casa por tanto era  fundamental respetar este espacio alrededor. No hacerlo hubiera cerrado el paso de la casa y obligaría a dar una gran vuelta por parte del jardín para ir de un lado a otro de la casa.
Bueno, una vez decidida la eliminación de la plataforma había que detallar el diseño interior del taller.  Quienes me leéis asiduamente ya me conocéis. Soy metódica y detesto hacer las cosas sin reflexionar mucho previamente. Sin diseño. Sin estudiar en detalle las necesidades veo difícil que el resultado sea satisfactorio.
Si algo había imprescindible en este espacio era que contara con suministro de agua. Disponer de un buen fregadero haría mucho más cómodo las tareas que se realicen en él y permitiría lavar pinceles, plantillas o lo que se precise. 
El taller iba a ser bastante amplio. Más de quince metros cuadrados. Teniendo en cuenta que igualmente tenía que hacer una instalación de agua fria y caliente en él pensé que seria buena idea trasladar lavadora y secadora a él. Hasta ahora estos electrodomésticos los tenía en la casita de madera pero esta disposición tenía un grave inconveniente. Cuando llueve y nieva se hace difícil y es un engorro ir y venir a la casita a poner lavadoras o planchar. Y eso he hecho, he dejado la casita de madera solamente para las cosas de jardín (productos, herramientas, banco de trabajo, etc).
Más importante todavía era el factor luminoso y de temperatura. Como digo, la orientación de esta terraza es hacia el este. Además, delante de esta fachada crece un gran laurel, una mimosa añosa y un gran enebro que proyectan su sombra sobre la casa tan pronto sale el sol. Solamente uno de los laterales del taller estaría orientado al sur. Es verdad que el sol molesta en verano pero se agradece en invierno así que lo que tuve en cuenta en mi proyecto fue indicar al constructor que realizar en esta fachada del taller un alero del tejado lo suficientemente ancho como para que evitara que los rayos del sol incidieran sobre las dos ventanas que se abren en este lado. En invierno en cambio, como el sol tiene su trayectoria aparente más baja, permite que la luz solar penetre dentro del taller iluminándolo y haciendo más agradable su temperatura.
Quería que el taller fuera un espacio lleno de luz y para ello nada mejor que rodear sus tres laterales con grandes ventanales. También es cierto que cuando un espacio tiene muchas ventanas conviene tener persianas para graduar la luz y también para protegerlo de la lluvia y de las bajas temperaturas en las noches de invierno.
Como veis no hay paredes (salvo la que era la antigua fachada de la casa). Todo es cristal y eso me da una impresión casi de estar fuera de la casa cuando estoy trabajando en él. Allá dónde mire veo el exterior y las cimas de las montañas que rodean mi zona. Veo el pueblo a lo lejos y mientras trabajo en el taller mi jardín que lo rodea por todas partes, se me mete dentro. Me siento muy a gusto trabajando en él. La verdad.
Traté de que fuera sobretodo cómodo. Puse un montón de enchufes por todas partes. Lavadora, secadora, televisión, máquina de coser, flexo de la mesa...todo necesitaba dónde enchufarse pero además, como no tenía segura la disposición de la mesa que posteriormente compré, instalé enchufes en muchas zonas para que la pusiera como la pusiera, pudiera cómodamente usar las herramientas eléctricas (pistola de silicona, secador, etc) que necesito cuando estoy trabajando sin tener que andar con el rollo de los alargos.
Era difícil para mí detallar la disposición de un mobiliario. En realidad pensé que era mejor partir únicamente de una gran mesa de madera maciza  de la que no disponía. Precisaba una mesa grande, ancha, fuerte, sólida y bien construida. 
Compré esta que veis y que cuando tenga un rato pintaré de blanco. Es de lo más sólida, se puede hacer sobre ella cualquier trabajo sin que se mueva. La dispuse de otra forma pero la experiencia me ha demostrado que esta ubicación es mucho más práctica. 
Creo que he hecho bien en no decidir el mobiliario hasta que no he trabajado en el taller. Probablemente me hubiera equivocado si hubiera decidido su ubicación desde el inicio.
Aplacé el trasladar las mil cosas que tengo hasta en tanto no viera las necesidades que tenía. Finalmente me decidí por hacer una especie de armario para ubicar en él todas las pinturas y productos que tengo.
No me apetecía gastar más dinero y se me ocurrió hacer este armario sin gastarme ni un duro!
Tenía sin uso tres armarios de cocina que me sobraron de la anterior casa. Hacía años había comprado unas patas de madera con la idea de ponérselas a unos sillones y que finalmente no utilicé. De las encimeras que instalé en la cocina me sobró un metro y pico. Así que ya tenía todo lo necesario! 
Haber puesto tres armarios con puertas hubiera hecho ópticamente demasiado compacto este armario así que decidí no ponerle puertas al armario de en medio y poner en él los libros que tengo de materias artísticas y artesanales. Me encanta! Tener a mano todos los libros que de técnicas artísticas tengo es sumamente útil. Qué trajín estar siempre yendo y viniendo al salón en buscar de libros que preciso constantemente...
Estoy muy contenta de cómo me ha quedado y sobretodo el uso que le doy. Está lleno de cajas que contienen por materias todo tipo de materiales y herramientas que preciso en mis trabajos y que me permite tener en orden el taller.
De todos modos hay herramientas que no se pueden tener guardadas en un armario porque se precisan constantemente. Cada técnica, cada trabajo necesita de una pincelería especializada. Decorar porcelana por ejemplo precisa del uso de pinceles de plumas muy especializados. La pintura al óleo tiene sus pinceles adecuados. Los trabajos con acrílicos necesita los suyos. 
Los pinceles buenos tienen un precio y necesitan ser dispuestos de madera que no se deterioren si queremos que nos duren muchos años. Lo mejor es tenerlos con el pelo hacia arriba. Con suficiente espacio para que no se apretujen unos con otros y no se deformen y agrupados por técnicas. Pero es que además hay todo tipo de herramientas, barras de silicona, reglas, alicates, paletas de mil formas, tamaños y materiales... en fin, no es fácil tener ordenado tanto material si no se dispone de un espacio adecuado que esté cercano a la mesa para disponerlo.
Esta estantería me ha acompañado en mis traslados de una casa a otra en estos últimos diez años. Estuvo inicialmente en la cocina de mi casa en Málaga, luego la coloqué en el lavadero en Torrelaguna y ahora la he quitado de la casita de madera y he decidido que es idónea para colocar los botes que contienen mis mil pinceles perfectamente clasificados y fácil de acceder a ellos.
Como he dicho en alguna ocasión yo siempre me he confeccionado todas las cortinas, sábanas, colchas, manteles, etc de mi casa y por por ello, dado que la utilizo bastante a menudo, me convenía colocar en el taller mi máquina de coser. Antes tenia un mueble de lo más feo, ahora, con sobras de las encimeras de madera de la nueva cocina, me he hecho esta mesa que es igual que las encimeras de la zona del fregadero e incluso que la encimera del mueble de las pinturas, así que parece que todo va conjuntado. Y ello la verdad es que sin invertir dinero extra jajajaj
Cerca de la máquina me parecía necesario colocar mi mueble de plancha. Es muy cómodo no tener que abrir y cerrar una tabla clásica y además, el propio mueble me sirve para almacenar cajas con productos y artículos que preciso en mis actividades artísticas. El orden para mí es imprescindible así que todo el taller está lleno de cajitas y más cajitas que mantienen ordenado todo el material por tipos de trabajo: repujado, realización de flores de porcelana, pinturas de seda, pinturas de de tela, realización de muñecas, los mil barnices, pátinas, ceras.... en fin, el arsenal de productos que tengo es increíble!! Así que me las he ingeniado para mantenerlo todo organizado, cómodo y sobretodo ordenado (qué obsesión la mía jajajjaja :P)
La iluminación artificial también era un asunto de vital importancia para mí. A riesgo de que parezcan un rollo las explicaciones de ello, me arriesgaré ya que seguramente haya quién, si no lo sabe, le parezca interesante o al menos curioso descubrirlo.
No sé si se ve en alguna fotografía pero aunque inicialmente puse una bonita lámpara vi que no era práctico. Una lámpara no ofrece la iluminación que se precisa cuando se trabaja de noche en un taller así que al retiré e instalé en su lugar el fluorescente con tubos con "luz día" que siempre he tenido para pintar al óleo .
Por qué un fluorescente? Las luces incandescentes de las bombillas de las lamparas que solemos tener en el interior de las viviendas "fomentan" que veamos los objetos con colores más cálidos cuando estén bajo su luz que luego, cuando son expuestos a la luz natural del sol. Es decir, bajo una bombilla con luz cálida, por ejemplo, lo que es verde cálido lo vamos a ver más cálido de lo que es realmente y lo que es verde frío lo vamos a ver menos frío. Esto puede llevar a engaño al día siguiente, cuando vemos bajo la luz natural el lienzo o la pieza que decoramos. 
Por el contrario, la luz de los fluorescente (llamada luz blanca) hacen lo contrario. Los tonos verdosos y azulados se verán más fríos que cuando se miren bajo la luz natural.
Veréis, a mí me gustan más las gamas de colores cálidos que la gama de los fríos. El invierno es muy largo y son muchas las horas que pasaré en este taller y por tanto las piezas que decoraré en él. No quiero llevarme la sorpresa de comprobar que lo que decoré ayer por la noche en el taller, hoy, bajo la luz natural, vea que presenta unos tonos más fríos de lo que es de mi agrado. La luz blanca de un fluorescente "ayudará" en este sentido.
Qué rollo. Verdad? jajajaja :) Puede ser un rollo para quién no se dedica a trabajos de este tipo pero para mí no es la primera vez que me toca rehacer un lienzo entero por haber pintado por la noche bajo una luz inadecuada y comprobar al día siguiente que el lienzo no se parece en nada a lo que yo creía que estaba pintando por la noche... Bajo la luz natural el lienzo era totalmente distinto a cómo lo veía por la noche!!
Pero además de una luz general preciso de una lámpara que alumbre de manera más puntual los trabajos que tengo sobre la mesa. Este flexo es cómodo, grande y muy útil con sus posibilidades de cambiar el enfoque del punto de luz.
Iba a retirar esta mesa auxiliar a la casita de madera pero me está resultando cómodo tenerla en angulo con la mesa de trabajo. Bajo ella he puesto una papelera y me sirve de soporte de cosas que tengo que tener bastante a mano.
En fin, como en los espacios anteriores que de mi casa os he ido mostrando tras la reforma, a este espacio también le faltan cosas por hacer. Para empezar tendré que pintar el exterior de la fachada del taller o poner piedra o...No sé. Ya veremos! 
Mucho, mucho por hacer todavía! Hay que pintar mi bonita y práctica mesa y por supuesto el rojo chillón de esas dos sillas quiero que desaparezca bajo una buena lija y una buena capa de pintura blanca. A la derecha de la estantería de los pinceles probablemente termine por poner un cuadro pero quiero esperar, no sea que precise el poco trozo de pared que me queda libre para algún estante u otra cosa..La propia estantería de pinceles terminará por cambiar de color y por supuesto no quiero aplazar demasiado el "tapar" esos horrible rótulos de "melones de la tierra" que se ven en muchas cajas. Me las dieron en un puesto ambulante de verduras. Son sólidas y estupendas para tener organizado parte del material pero son feas con avaricias. Un trabajito de "decoupage" sobre ellas las transformará en algo hermoso y no solo práctico. En fin...trabajo, mucho trabajo por hacer también en el taller...
No quiero poner más plantas sobre la encimera y sobre la mesa no es práctico ubicarlas. Además de caerles spray y pintura encima (cosa que no les haría gracia alguna) me restarían un espacio que necesito para trabajar. Pero me encantaría buscarme alguna forma de poner alguna planta más. No sé si colgadas de las barras de las cortinas...No sé, ya veremos. Pero sí, alguna plantita más haría aún más agradable mi taller!
No me compliqué la vida con las cortinas. Quería un espacio alegre y elegí esta tela con loros y vegetación tropical para cubrir las barras que soportan las cortinas. No quería robar ni un rayo de luz así que nada de cortinajes a los lados de las ventanas. Unos sencillos visillos amarillos creo que es suficiente para que las ventanas estén vestidas sin quitar luz en absoluto. 
Probablemente pinte los cojines de las sillas reproduciendo el mismo estampado de estas cortinas con pinturas para tela porque no me ha quedado ni un centímetro de la que compré para hacerlas.
Tendré que hacer igual cuando tapice el viejo sillón que utilizo para sentarme a trabajar.
Lo cierto es que en este taller no se pueden realizar todas las actividades creativas que tengo. Si disponía en él de mis varios caballetes, montones de lienzos de grandes dimensiones, cajas de pintura, etc... hubiera ocupado demasiado espacio y me hubiera restado comodidad para el material de otros trabajos. He preferido dejar el espacio para pintar al óleo en el garaje. Allí dispongo de todos los metros cuadrados que necesita esta actividad. Allí también montaré un rincón para la carpintería y otro para ubicar mi horno de cerámica. 
En fin, es tanto lo que una hace que preciso de mil espacios para desarrollar tanta actividad jajajaa A veces pienso si tuviera que vivir en un pequeño apartamento cómo me lo montaría!! No quiero pensarlo. De entrada sería imposible meter en un apartamento todas las mil cosas y cacharros que tengo. Bueno, podría meterlo pero yo no cabría ni podría moverme en él ajjajajaj
De momento así lo veo bien. Yo al menos me siento estupendamente bien trabajando en este taller. Es cómodo, organizado, limpio y me resulta fácil mantenerlo así. Cada cosa tiene su espacio y por ello, que permanezca organizado, es mucho más sencillo.
Pero además es un espacio alegre, luminoso y el hecho de estar viendo siempre el jardín me alegra mi estado de ánimo. La luz lo inunda de una manera tan agradable... Estoy contenta porque con él dispongo de un espacio adecuado a mis necesidades y las muchas horas que dedico últimamente a decorar piezas para el resto de la casa, lo puedo hacer en un lugar dónde es fácil desarrollar mis actividades creativas.

domingo, 3 de febrero de 2019

Mi cocina y la bonita historia de un fregadero que vino desde Asturias

La cocina para mí es uno de los espacios más importantes de una casa.
Cuando nos vinimos a vivir aquí los armarios de la vieja cocina se caían a pedazos y me vi obligada a renovarlos pero lo cierto es que lo hice con unos armarios sencillos y baratos, blancos y sosos absolutamente. No era la cocina en la que me sintiera a gusto. No por falta de espacio, ya que es bastante grande, si no porque no tenía el aspecto cálido, acogedor y funcional que yo necesitaba pero es que además era fea con avaricia. Pero las circunstancias eran las que eran y al no ser de mi propiedad todavía mi casa, no quise invertir en ella más que lo imprescindible.
Como sabéis llevo años invirtiendo esfuerzo, trabajo y dinero en el jardín y tras comprarla el abril pasado se hacía urgente afrotar una reforma íntegra. En verano, este era el estado de mi cocina. Solo los tabiques se respetaron. El resto se ha renovado completamente incluyendo por supuesto todas las instalaciones de los suministros.
Es la sexta cocina cuya organización enfrento así que ya llevo años a cuestas en lo que hace a estar frente a los fogones. Sabía qué estilo quería, qué tipo, qué ambiente, qué aspectos se me hacían necesarios. 
No he estado nunca dispuesta a renunciar a las comodidades y la funcionalidad de las cocinas modernas pero siempre me han horrorizado las que tienen un aspecto tan aséptico que parecen zonas de un quirófano. En general no me gusta lo claramente moderno si no lo que rezuma un aspecto algo campestre, y es ahí, en este tipo de estancias con un cierto aire retro dónde yo me siento más a gusto.
En la cocina uno se pasa muchas horas. No solamente cocinando, entras y sales de ella constantemente. A por una cerveza, a por el agua para servir en la mesa o simplemente cuando quieres merendar una manzana. Es más, en mi caso,  es una de zona de paso para salir al jardín frecuentemente.
La cocina pues debía ser confortable y acogedora. Cálida y tranquila. Y yo, por mi forma de ser, ordenada, metódica y sumamente organizada, preciso para sentirme bien que los espacios estén bien organizados, que el orden sea fácil de conservar, que la limpieza no se convierta en un martirio.
Creo que la cocina es la que se ha llevado más horas de pensar y pensar en como debía ser. Al igual que toda la casa, yo había "vivido" ya mi cocina durante cinco años y ese tiempo me ha permitido saber perfectamente de qué adolecía. Qué he echado a faltar en este tiempo. Qué me hubiera gustado tener en ella. Qué había que corregir porque era incómodo y qué estaba bien que conservara porque era práctico y funcional. Tenía una gran suerte y era el contar con un espacio bastante amplio. Las dimensiones de las estancias habitualmente no está en nuestra mano determinarlas. Las casas son las que son y esta mía, estaría vieja pero tiene unos dormitorios y estancias de lo más espaciosas y luminosas. Así que contaba de entrada con algo muy, muy positivo!
Pero sobre todas las cosas quería que fuera cómoda, muy cómoda. Que cada cacharro de los muchos de los que se compone mi menaje de cocina tuviera su sitio, sin tener que retirar otros tres o cuatro para colocar o acceder al último. Solo así creo que es fácil mantener el orden y no dedicar tiempo a tareas de limpieza y a ordenar que pueden hacerse mucho más fácilmente si se piensa bien los diseños.
El suelo que he elegido para la cocina y los dos baños es un tipo de loseta cerámica que ahora en los últimos años se está poniendo bastante de moda. Yo paso muy mucho de las modas y evidentemente no ha sido que sea tendencia lo que me ha hecho decidirme por este suelo hidráulico que hacen ahora y que no presenta los problemas de agarrar las manchas y no soltarlas que tenía el verdadero suelo hidráulico de antaño que era de cemento decorado. Eso sí, tiene el mismo aspecto "vintage" y el tamaño de 25 x 25 contribuye mucho a ello pero sobretodo los dibujos geométricos y sus tonalidades. No absorbe las manchas de grasa y su limpieza es sumamente fácil además de tener gran resistencia al desgaste y a los rayones si se compra de suficiente calidad, sobretodo si es porcelánico.

Todas las cocinas que he tenido en mi vida según he ido cambiando de casa (y que pueden ser aproximadamente seis) han sido siempre con armarios blancos. Los que yo he colocado y los que al llegar a ellas estaban puestos. Jamás había tenido armarios que no fueran de este color así que en esta ocasión, probablemente la última que pueda decidir el color de ellos, era la oportunidad para por fin tener una que no fuera blanca!!
Tenía decidido el suelo antes del modelo de armarios así que estos últimos tuvieron que ajustarse en la gama de color del primero. Y para que conjuntaran con los tonos grises de las losetas me decidí por armarios también grises.
Finalmente me decidí por un modelo de puertas de armarios que tiene un aspecto tradicional y algo campestre. Y aunque mi idea no era crear una cocina rústica y dónde todo tuviera aspecto añejo ni mucho menos, sí quería que al entrar en ella no se tuviera sensación de frialdad si no de un espacio acogedor y que diera la sensación de lo que yo entiendo por "hogar". Eso para mí era sumamente importante.
Al dominar el gris, y para evitar que resultara oscura pensé que todo el resto debía ser claro y muy neutro. El suelo ya tenía suficiente protagonismo como para meter estampados. De ahí que las piezas de losetas porcelánicas que he puesto en las paredes tengan una tonalidad mantequilla con la que creo que combinan bien el resto de elementos. No quise poner la típica "cenefa" de piezas más ornamentales que suele ponerse recorriendo las encimeras y limité su uso a dos paredes: la que divide la cocina de la despensa y dentro de ésta también puse parte de estas piezas en una de sus tabiques.



Antes de la reforma  me llevé meses estudiando cada nuevo armario, si iba a poner aquí y allá un cajón o una gaveta, si esta o aquella puerta tenía que abrir a la derecha o a la izquierda. Si el microondas era mejor ponerlo en un armario de pared y así ganar encimera o dejarlo como estaba. Quería una cocina práctica, muy cómoda y por supuesto que me pudiera estar siempre perfectamente ordenada! Que se adaptara a mi forma de ser y que me permitiera llevar los asuntos del menú, compras, productos de limpieza, almacenaje de vajillas ajustados a mis preferencias y necesidades, era algo que se me antojaba imprescindible.
Cuando una tiene ya cierta edad y ha pasado mucho tiempo en una cocina, sabe algunas reglas básicas que facilitar el orden y la comodidad. Que el lavavajillas esté justo al lado del fregadero. A poder ser del lado derecho si una no es zurda hará que sea más fácil meter y sacar la loza sin gotear sobre el suelo. Que las ollas y sartenes estén junto a la vitrocerámica o cocina hace también las cosas más fáciles. Que los aceites estén en zona de fácil acceso impedirá que se manche mucho la zona de almacenaje dónde estén. Los platos cerca de dónde se sirve la comida. Los cuchillos de cocina al lado de la zona de encimera dónde se preparan los alimentos. Si se quiere ver cómodamente lo que hay en las zonas superiores de los armarios, las baldas deben ser de cristal...En fin...hay mil cosas que todo el mundo sabe. Pero luego hay muchos otros detalles que son muy personales y que hay que pensar muy bien para no equivocarse.


A mí me gusta hacer las cosas (todas) solamente cuando me apetece. En el momento que las vivo como una obligación deja de gustarme hacerlas. De ahí que organizo mi actividad, mi tiempo y mi entorno para facilitar su ejecución y procuro que nunca mis aficiones se conviertan en un peso inasumible para mí. No soy maniática de la limpieza en absoluto pero sí, me gusta vivir en una casa limpia y ordenada. La manera de ganar tiempo para las aficiones es organizarlo muy, muy bien. A mí me funciona. Solo así soy capaz de poder hacer las muchísimas cosas que hago a lo largo del día. Con organización.
Como sabéis muchos, me gusta cocinar pero siempre lo he hecho solamente cuando me ha apetecido. Si un día no quiero meterme en guisos quiero permitirme el lujo de no hacerlo. Para ello evidentemente necesitaba renovar el viejo combi y sustituirlo por un estupendo congelador vertical en el que pudiera meter las raciones de comida que voy preparando en los momentos que me apetece y que me permite no tener nunca problemas de comida cuando llego del trabajo.
Reconozco que mis ansias de orden son casi, casi, obsesivas pero es que no lo puedo remediar, detesto el desorden!! El desorden lo considero y lo vivo como una absoluta pérdida de tiempo. Los cacharros sucios por medio me horrorizan!! Tuve la desgracia de que se estropeara sin remedio el viejo lavavajillas hacía meses de manera que ahora con la reforma tenía que instalar uno nuevo.
Igual me pasa con la compra. No vivo en el centro del pueblo si no en una de sus urbanizaciones así que no me resulta cómodo bajar al pueblo andando cada dos por tres. Llamo por teléfono o voy al super y mando que me traigan la compra a casa una vez por semana.
La mayoría de lo que llamamos "combis" (Frigoríficos que suelen tener abajo tres cajones para congelar) me resultan muy cojos en lo que hace a espacio tanto de la zona para refrigerar como la de congelar. Estuve tentada de poner un frigorífico de esos que llaman "americanos". Pero después de pensarlo y leer mucho sobre este tipo de electrodoméstico y ver los varios problemas y desventajas que presentaban, me decanté por instalar dos electrodomésticos, uno que solo cumple las funciones de refrigeración y otro encargado exclusivamente de la congelación. Así que ahora dispongo de espacio de sobra para toda la compra y para tener congelados muchos alimentos y platos que solo necesito dejar que se descongelen y calentarlos.

Como digo pretendía mezclar elementos modernos con los que tienen un aspecto más "de antaño" y pensé que todos los electrodomésticos debían tener sus frentes de acero inoxidable. Esta combinación de armarios de cocina tipo campestre al lado de electrodomésticos de acero inoxidable ya lo probé en una cocina que tuve en Málaga y me parecía idónea. El acero inoxidable tiene un aspecto limpio, pulcro y además de durar nuevo su exterior más tiempo, si se eligen antihuellas resultan extremadamente fáciles de limpiar.
Creo que no es práctico renunciar a la tecnología en la cocina pero si quería que la mía tuviera un aire cálido debía poner elementos que claramente lo inspiraran.



Nuestra personalidad es algo que creo que hay que tener muy, muy en cuenta a la hora de decidirnos por unos u otros elementos y esto es especialmente cierto a la hora de afrontar el diseño de una cocina. Si yo fuera descuidada, si mi personalidad tendiera a hacer las cosas sin reparar en lo que mancho o ensucio, indudablemente no habría puesto las encimeras de madera.
Cuando viví en Málaga puse la cocina con estas encimeras. Después de años y años de uso la madera no presenta mancha ni rasguño alguno. Están como nuevas. Claro, yo no tengo niños pequeños y soy sumamente cuidadosa a la hora de evitar manchar las cosas y pongo especial cuidado en que no se deterioren. A mí no me cuesta trabajo ir con cuidado de no poner un vaso con el culo manchado sobre ellas porque me sale instintivamente, ni siquiera lo pienso, me sale sin dificultad alguna como tampoco se me ocurre dejar tras guisar una mancha de tomate que haya caído sobre ellas. Pero es que cuando mis encimeras no han sido de madera, he llevado el mismo cuidado. Es decir, que no me representan ningún trabajo o cuidado adicional precisamente por mi forma de ser.
Creo que unas encimeras de madera hacen una cocina muy, muy cálida y les da un aspecto acogedor.
Ya digo, mi experiencia desde luego no puede ser mejor. Simplemente con llevar cuidado de no poner sobre ellas cacharros calientes ni depositar vasos o menaje que esté mojado o manchado, es suficiente. Eso sí, hay que nutrirlas con aceite mineral y es preferible hacerlo antes de ser usadas por primera vez. Este aceite les aporta una capa que las hace de alguna forma un poco "impermeables" y resulta algo más difícil que se manchen.
Antes de instalar las mías las aceité bien con mechas de algodón empapadas en aceite mineral y las dejé toda la noche para que fueran absorbiendo el aceite. Este proceso lo repetí tres o cuatro jornadas seguidas. Por la tarde ponía el aceite, dejaba pasar la noche y a la mañana siguiente pasaba trapos de algodón para retirar el exceso. A la tarde volvía a hacer lo mismo.
Creo que este tratamiento es fundamental para mantenerlas por más tiempo como nuevas y evitar manchas. También ayuda a conservarlas bien el tener varias tablas de corte de madera que yo uso para preservarlas y que sea cómodo tener dónde poner una bandeja mojada o la olla cuando la saco del fuego.

Luego, una vez la cocina está en uso, durante los años que las he tenido con hacer este proceso una sola vez cada dos o tres meses a mí me ha resultado suficiente para que conservaran ese aspecto satinado y nutrido que tanto me gusta de la madera bien cuidada.
Cuando me vine a vivir a esta casa la cocina tenía una especie de pasillo diminuto al que iba a dar un pequeño aseo. No tenía sentido ninguno tener un aseo en una cocina!! La verdad es que esas son cosas de las que se hacían antes.

Hoy en día creo que a nadie se le ocurriría esto. La cuestión es que allí estaba el pasillo y el pequeño aseo dentro de la propia cocina. Por aquel entonces no estaba en disposición de invertir dinero alguno en realizar las reformas que requería toda la casa así que me limité a deshabilitar el aseo retirando los sanitarios, cerrando los huecos de las canalizaciones y convirtiendo el espacio en una despensa. Eso sí, siguieron unidos pasillo y despensa por un tabique que no sería entonces ya para nada.

Cuando diseñé la cocina invertí muchísimo tiempo en proyectar esta despensa que es el sueño de cualquier aficionado a la cocina como yo. No se trata de un pequeño armarito para poner los alimentos, se trata de un estupendo espacio con ventana incluso y que además está orientada al norte con lo que los alimentos se conservan estupendamente dentro de ella. Así que decidir la organización de este espacio era importantísimo.
En esta despensa pensé que sería también un buen sitio para guardar todos los productos de limpieza de la casa y para tener a mano escobas, mopas, etc. Una vez cerrada la puerta que da acceso a la cocina se pierden de vista y a la vez resulta práctico por tenerlas muy a mano.

Al final me decanté por poner dos encimeras, una bajo la ventana y otra a la derecha de la puerta de acceso y cuyos armarios los he dispuesto directamente sobre ella convirtiendo ese lateral es una especie de alacena que me parece muy bonita.


He logrado algo que no conseguí en ninguna otra cocina que he tenido por problema de espacio. En esta por fin tengo todos los libros de cocina en la cocina, que es dónde deben estar!
Otro aspecto que se me antoja fundamental! Tan pronto elegí los armarios no tuve duda. En mi cocina no pegaba ni con cola un fregadero de acero inoxidable!! Pero vamos, ni con cola! Busqué uno con un claro aspecto "vintage" de porcelana blanca de dos senos. Como los antiguos que todos recordamos en nuestra casa materna. Estos fregaderos son carísimos, desorbitadamente caros desde mi punto de vista pero en Ikea vendían uno por un precio más que razonable que me parecía precioso, absolutamente bonito y que terminaría de dar ese cierto aire campestre que yo pretendía a un precio más que razonable.
Y aquí viene la historia del fregadero que da el título a este artículo. Tenía hecho mi pedido de los muebles, encimeras  y del fregadero en la página de Ikea. Lógicamente terminar de perfilar en detalle un pedido de una cocina y despensa enteras lleva su tiempo. Dar con los tiradores que se ajusten al estilo que uno busca, decidir el interior de los armarios, el tipo de cajones...en fin, la cosa es que tardé muchos días en cerrar el pedido. Todos los artículos de los que se componía mi pedido los tenían en existencia.
Cuando me dispongo a cerrarlo definitivamente y ejecutar el pedido, veo con horror que el modelo DOMSJÖ de dos senos en el Ikea que a mí me corresponde por la zona dónde vivo, no tenía existencias de él pero además decía que estaba descatalogado! Es decir, que ya no lo venderían más. Horror! Inmediatamente me puse en contacto telefónico con ellos y pregunté si era posible que antes de enviarme todos los artículos de la cocina pidieran el fregadero a una de las tres tiendas en España que todavía tenían existencias. Nada, imposible! Según la amable señorita debía ir yo personalmente a comprarlo a una de ellas. A Barcelona, cuenca o Asturias a comprar el fregadero? Y como se supone que debía traérmelo? A cuestas? La verdad es que empecé a ponerme realmente nerviosa. No estaba en disposición de pagar el desorbitado precio que me pedían en cualquier página pero de otra parte el fregadero era imprescindible. Era el que a mí se me antojaba perfecto para combinar con las encimeras de madera y haber puesto uno de acero inoxidable hubiera dado al traste con ese aspecto natural que yo buscaba. No le veía solución.
Me pasé días viendo la página de esta marca y comprobando que las poquísimas (2/3) unidades que quedaban en los únicos tres centros que tenían existencias, iban decreciendo. Llegó un momento en que ya solo quedaban dos en el Ikea de Asturias. Madre mía..mi cocina! Con lo preciosa que hubiera quedado con ese fregadero. Hasta empecé a aceptar renunciar a él.
Pero yo soy cabezona dónde las haya y se me encendió la lucecita! Mi amiga Cruz vive por la zona y no sin mucha vergüenza la llamé y le conté el problema. Quedaban dos fregaderos en toda España de este modelo. El de un seno no me valía, porque un fregadero de 60 cm creo que es poco práctico e insuficiente y era imprescindible que fuera el de dos . Me disculpé, reconocí que me daba vergüenza recurrir a ella porque era abusivo... No me dejó ni hablar. Le comenté el estilo de cocina que quería  y el trastorno que me suponía tener que renunciar al estilo del fregadero elegido por ser demasiado caro comprarlo en otro sitio — Sin problema alguno, María. Mañana por la tarde me acerco al Ikea que lo tengo relativamente cerca y te compro uno de los dos que quedan. Luego ya veremos como te lo hago llegar a Madrid— Respiré de alivio pero debo de reconocer que con un gran cargo de conciencia por mi parte. Pero además, me pareció tan rápida y generosa su respuesta que aún me sentí más culpable y agradecida por ello.
Yo no podía de la impaciencia. Dos fregaderos y los dos en Asturias! Uff y si los vendían mañana? Y si cuando llegara Cruz a Ikea ya no había ninguno? Ay madre! No conté las veces que actualicé la página de Ikea para ver como iban las ventas de las dos unidades del dichoso fregadero pero fueron muchas, muchas, muchas!! jajajja

Por la mañana, desde primera hora visité la página una y otra vez. A media mañana veo que el número de unidades disponible desciende de  2 a 1!!! Arggggggggggg Mon dieu!! Que me venden mi fregadero!!! Rogué al cielo que Cruz llegara pronto a Ikea. Solo quedaba uno en toda España ajajjajaj Madre mía, yo no vivía. Me comía literalmente las uñas!! De repente actualicé la página y vi que ya no había fregadero alguno. Ohhhhhh mi fregadero! Contemplé la posibilidad de que no fuera Cruz quién hubiera comprado el último y me desesperé esperando su llamada. Al rato mi móvil sonó y una foto apareció en mi wassap —Tu fregadero!!!— Ayyyyyyyyyyyyy allí estaba la caja que lo contenía, sobre un carrito de Ikea de Gijón!! Qué alegría me dio aquella tarde! Hablamos de como lo enviaríamos y yo empecé a saltar de alegría.

Esto ocurrió en agosto y aunque inicialmente decidimos que ella lo enviaría por agencia, finalmente lo vimos muy arriesgado dado el tamaño y sobretodo el peso del paquete. Además, si se rompía, no había más fregaderos para sustituirlo así que siendo el colmo de la generosidad, decidió que ella misma lo traería en su coche cuando viniera a Madrid a hacer una gestión que precisaba.
Y así fue. En septiembre, el día que ella hizo el viaje nos llamamos, le envié los mapas e información precisa para que diera con mi casa y allí estaba aquella tarde cuando conocí a Cruz por primera vez de forma presencial.
Conozco desde hace años a Cruz pero era un conocimiento virtual. A través de Facebook y algún foro de jardinería. Hemos tenido contacto teléfonico en varias ocasiones y algunas conversaciones a través del chat de Facebook. Y he hecho alguna compra en su página. Ella es una mujer dinámica y activa. Con un precioso proyecto que es su bonita página web (Mis herramientas de jardín) dedicada a la venta de herramientas de jardinería a través de Internet. Bonitas y sobretodo de gran calidad son las herramientas y artículos de jardinería que ofrece en ella. Pero además es que cuando haces un pedido se nota la atención personalizada, la rapidez, el buen servicio y mejor trato. Si queréis visitar su página este es el enlace:
Qué linda ella! (y la compañía que llevaba también jajajaja) Con la naturalidad de la gente que se conoce de toda la vida, hablamos un rato las tres. Le mostré mi casa que por aquel entonces aún no estaban las obras terminadas ni mucho menos. Estuvimos un rato que fue demasiado corto para mis ganas y para lo bien que me sentí en su compañía pero sin duda habrá muchas oportunidades para, cualquier día de estos, cuando su visita a Madrid sea algo menos apresurada, pasar una jornada conmigo y disfrutar de su compañía. Era tal cual se muestra aquí en las Redes, educada, afable, agradable y cálida. Me encantó conocerla personalmente. No tenía palabras de agradecimiento  haberme hecho un favor tan grande!! De nuevo desde aquí, Cruz, amiga...Gracias, gracias, gracias!!!
No todo el mundo está dispuesto a venir cargado con un fregadero de estas dimensiones desde Asturias y que pesa 50 kg!! Sin duda yo tengo una gran suerte al haber tenido oportunidad de llegar a conocer a gente a través de foros, chats y grupos de Facebook tan buenas personas, con tanta generosidad y con quien he llegado a establecer relaciones de verdadera amistad.

La historia del fregadero es realmente hermosa. No es cierto? Me conmueve la gente buena...y Cruz sin duda lo es.

Como al resto de estancias que os he mostrado en anteriores artículos, a la cocina le faltan los detalles. Puede que me decida por poner algunas vigas de madera que atraviesen el techo. Alguna cesta de mimbre, manojos de hierbas aromáticas secas colgando, una pizarra bordeada de madera pintada con aspecto desgastando dónde para poder apuntar las cosas que faltan cuando vaya a comprar. Seguramente alguna pequeña estantería de madera para lucir algunas piezas de porcelana de las muchas que tengo decoradas. Botes de cristal de aire rústico. Pondré etiquetas de diseño antiguo que identifique el contenido de alguno de los muchos botes con pasta, arroz, harina, etc que tengo en la despensa. Me ocuparé de los elementos que tengo sobre la encimera y aunque los limitaré al máximo creo que una cesta de rejilla de metal como las antiguas de los huevos quedaría genial, o puede que rebusque latas decoradas antiguas que seguro que alguna encuentro por ahí. En fin...tiempo. Necesito tiempo pero tiempo de ese lento y sosegado en el que me regodee haciendo las cosas despacio, sin prisa alguna. Eligiendo o haciendo yo misma despacito los detalles que terminarán de perfilar esta estancia. Poco a poco...sorbito a sorbito como se degustan los buenos licores.

Que tengáis muy buen día, queridos lectores!   ;)   :D