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Sesenta

Era el último día. Desde mi casa anduve tranquilamente hasta la parada del autobús que me llevaría al tren hacia la localidad dónde está (estaba) mi puesto de trabajo. Quería que todo pasara despacio; escudriñar mis emociones; diseccionar todo lo que pasara aquella mañana por mi cabeza y en mi corazón porque sabía que aquel día era un hito en mi vida. Me sentía extraña. Llevaba meses de baja médica desde que justo antes de la declaración del Estado de Alarma sufrí un infarto de miocardio. Pero no ir a trabajar durante un tiempo no hace que sientas que estás jubilada. Una tiene una sensación de que es una situación provisional y le resulta imposible pensar que nunca más volverás a trabajar. Aunque lo supiera, mentalmente necesitaba el protocolo de la firma. Y a eso iba, a firmar los documentos por los que cesaría en el servicio activo.

Son curiosas las coincidencias que se producen a veces. Me hubiera gustado que en mi memoria quedara el miércoles relacionado con otros acontecimientos más alegres pero la casualidad quiso que el autobús me dejara justo en aquel lugar. En la curva de aquella carretera, dónde me dejó el autobús el otro día, tres años antes había bajado del coche de mi ex pareja el día que él se fue de casa para siempre. Ya hace muchos meses que pueden pasar días y  días sin acordarme de aquello pero la mañana del miércoles no pude evitar que me vinieran a la cabeza tantas cosas… 

Al paso del autobús vi a mi derecha mi centro de trabajo, solicité parada y al bajar, tan pronto puse el pie en el suelo, me vino la imagen de mi misma allí, en el arcén de la carretera, bajando de un coche, el del hombre que a partir de aquel momento se convertiría en mi ex pareja. Exactamente en el mismo lugar de la carretera, en la misma suave curva. Un poco más tarde, eso sí. Aquel día eran las ocho menos cuarto de la mañana de un veinte de septiembre, el de 2017. Y no es mi memoria la que recuerda la hora, si no la foto que absurdamente tiré con mi móvil al bajar del coche. Una foto movida que no sé por qué se me ocurrió hacer. En realidad yo me bajé en tal estado que no sabía ni lo que hacía. Ni un adiós, ni una mirada, ni mi cabeza se volvió cuando él arrancó. Simplemente seguí andando hacia el mismo sitio que el miércoles mientras escuchaba a mis espaldas,  cada vez más lejos, el ruido de su motor.

No hay acera y los coches pasaban a toda velocidad de frente. Con precaución me encaminé andando despacio por el arcén hacia el edificio. Vi la bandera de España ondeando y a dos de mis compañeros en las puertas de acceso en el muro. Antes, por cautela, no debía. Ya puedo decirlo, he sido siempre funcionaria del Ministerio del Interior. Desde hace cuarenta y dos años y hasta el miércoles pasado. Ahora ya finalizó mi servicio activo y pasé a la situación de jubilación.

Tardé premeditadamente un montón en llegar. Estaba nerviosa y no estaba segura de que, en algún momento, no se me escaparan las lágrimas. Siento pudor por mis lágrimas. No lo puedo remediar. Saludé con cariño a mis compañeros a los que tras tanta enfermedad como he tenido, llevaba meses sin ver. Me fijé en sus uniformes, azul oscuro. ¡Qué guapos estaban!  Me acordé del uniforme de hace cuarenta años, marrón ¡Dios, qué horroroso era! No pude por menos que sonreír al recordar el aspecto añejo y nada glamuroso que daba aquel uniforme. Mucho mejor el de ahora, tan elegante y tan bonito...

Recordé la Jefatura Superior de Policía de Barcelona en la Vía Layetana de Barccelona con la misma bandera ondeando en su fachada. Mi primer destino. Hacía algo más de cuarenta y dos años. Toda una vida. Me recordé a mí misma, con dieciocho años entrando en aquel edificio por primera vez con una fotocopia del BOE de 1978 en el que se me nombraba funcionaria de carrera. Recordé el olor a antiguo, la precaria situación del edificio, las paredes con desconchones, la antigüedad de la mesa que fue mi primera mesa de trabajo, mi expectación, mi ilusión...

Recordé un montón de cosas que pueden parecer y seguramente lo son, historia del abuelo cebolleta, pero son mis cosas, mis recuerdos y mis vivencias. Me acordé del día en que se tambalearon los cimientos de la democracia en España. Aquella tarde del 23 de febrero de 1981 yo estaba tomándome una copa con el que años más tarde sería el padre de mi hija. Durante aquella tarde el Coronel Antonio Tejero con sus acompañantes irrumpe en nuestro Congreso de los Diputados pistola en mano al vergonzante grito de “Quieto todo el mundo. Todos al suelo” y nos dejó a todo el país sin aliento a pesar de escuchar, ya de madrugada, el discurso del monarca. A la mañana siguiente, lógicamente, yo tenía que trabajar, con un golpe de Estado aún sin resolver,  entraba en mi Jefatura sin saber en qué iba a terminar todo. Afortunadamente algunos de nuestros políticos eran grandes hombres de Estado y supieron encarrillar el desaguisado. Pero yo recuerdo como se cortaba el aire aquel día en mi trabajo. Recuerdo aquel silencio lleno de expectación y desde luego mi profunda tristeza hasta casi mediodía cuando todo finalmente se resuelve y que provocó en mí tanto alivio y tras terminar mi jornada salí por aquella puerta que hace tan solo unos meses, ha estado de completa actualidad por motivos muy distintos.

El miércoles me acordé de tantos años de terrorismo interno. Años y años en los que día sí y día también caían uno o varios de mis compañeros en el País Vasco, en Castilla, en Andalucía o la propia Cataluña dónde yo estaba destinada. Todos ellos a manos de aquellos malditos asesinos de ETA. Asesinos a los que los muy progres de ahora, que no tienen edad ni de acordarse de aquella época, dicen perdonar pero a los que yo, ni puedo ni quiero perdonar jamás. Evidentemente los que perdonan no tienen padres, maridos, hijos o compañeros muertos. Ni han padecido miedo hasta de tender las camisas del uniforme cuando salían de la lavadora. Ni sus hijos han recibido insultos en el colegio por tener un padre o una madre policía. Los que perdonan han ido libremente con sus mujeres a un restaurante o al cine sin temor a que nadie les siguiera y terminaran siendo objetivos de la banda. Así perdona cualquiera, claro. 

Saludé y recorrí la explanada central hasta el Puesto de Control. Pasé el arco de seguridad y entré en el edificio con la idea de ir a Personal dónde debía firmar mi baja del servicio. Tardé en llegar porque me crucé con muchos de los funcionarios con los que he trabajado últimamente. Mi compañero al cargo de personal me recibió como siempre, con ese humor que le caracteriza, con esas ocurrencias que siempre han provocado mis carcajadas. Me puso por delante dos escritos y me indicó dónde debía firmar. Fecha y firma y oficialmente estaría jubilada. Yo estaba deseando jubilarme, no era que no quisiera pero lo retrasé, alargué la conversación con el bolígrafo en la mano sin querer estampar mi firma. Me miró a los ojos y me dijo palabras tan bonitas…y yo tuve que morder mis labios para no llorar y solo pude decir un gracias apenas audible. Firmé en el momento en que noté que las lágrimas iban a brotar para poder salir de aquel despacho con la copia de los dos documentos en mi mano y que certificaba que había dejado de ser funcionaria en servicio activo.

El dichoso Covid tiene todo transformado. Como es lógico los protocolos de seguridad en un sitio oficial se cumplen a rajatabla.  Muchos compañeros teletrabajando, muchos de vacaciones. Apenas pude despedirme de un puñado. No importa. Tengo a todos en mi corazón. Este último destino no ha sido malo pero desde luego no ha sido el mejor. He tenido destinos tan especiales... Creo que he trabajado en suficientes sitios como para tener un amplio conocimiento del Ministerio del Interior. He estado en Comisarías Locales con trabajos cerca de la gente, atendiendo público y pienso que esos años han sido los mejores y los que más me han aportado como persona. He procurado solicitar siempre puestos de trabajo dónde tuviera que atender a los ciudadanos de forma directa. Y si bien el público desgasta, lo cierto es que si tienes una verdadera vocación y sopesas el conjunto, es mucho más lo que te da que lo que roba. 

A mi salida pasé por delante de la puerta de mi equipo del DNI y mentalmente traté de hacer la cuenta de cuántos Documentos Nacionales de Identidad y Pasaportes he llegado a expedir durante mi vida laboral. Nunca lo he sabido pero han sido miles. Aunque no he estado prestando mis servicios siempre en Equipos de expedición, han sido muchos los años que he estado expidiendo así que han dado para muchos, muchos DNI,s y Pasaportes. 

Y al hacer la cuenta mental recordé la época anterior al Documento Nacional de Identidad digital cuando tomábamos las huellas entintando las yemas de los dedos y cogiendo las manos de la gente. Por entonces no teníamos lectores digitales de huellas, ni equipos como los de ahora. Era una expedición rudimentaria dónde salíamos de los aprietos más con nuestra buena voluntad que con los pocos medios con los que contábamos. Madre mía, qué diferente todo ahora. Recuerdo mis primeras expediciones en tarjetas azules que metíamos tres o cuatro en los carros de aquellas máquinas de escribir que era mastodónticas y que terminabas la mañana con dolor de dedos de la fuerza con la que tenías que pulsar sus teclas. Pero si hasta he hecho DNI.s manuscritos cuando la máquina no funcionaba. Increíble, ¿verdad? Pues sí, pero aunque los chavales de ahora puedan no creerlo, no siempre tuvimos Internet...jejeje 

He trabajado en Equipos de DNI en Barcelona, en Málaga, en Madrid y en todos ellos puedo decir que he sentido el privilegio de ganarme el pan haciendo un trabajo que me satisfacía plenamente. Si volviera a nacer, volvería a elegir mi misma profesión. Volvería a intentar ganar unas oposiciones y volvería a pedir los mismos destinos que he tenido. Mi vida profesional casi, casi, solo me ha dado satisfacciones. Es cierto que he trabajado como una burra porque en conciencia creía que eso era lo que tenía que hacer, dar lo mejor de mí misma, pero igual de cierto es que a cambio me he sentido interiormente llena y he sido muy feliz haciendo lo que hacía.

Pero también he tenido destinos muy lejos de la gente, prestando mi servicio desde despachos sin público. Desde que me vine a vivir aquí a Madrid he estado adscrita a los Servicios Centrales de la Policía, y ahí descubrí tantas y tantas cosas. Aprendí lo que jamás hubiera descubierto de haber trabajado solo en destinos policiales pequeños. Aquella Comisaría General resultó ser el destino que más me ha hecho pensar y reflexionar. El destino que más me ha transformado interiormente por los asuntos con los que trabajábamos y aunque ha habido algún momento en que he llegado a dudar de si debía seguir allí, lo cierto es que una parte de mí no hubiera sido la que es si yo no hubiera trabajado en un lugar tan especial como aquel.

El miércoles no se me fue de la cabeza mi madre. La recuerdo joven, yo con dieciocho años y ella acompañándome a la estación de Francia en Barcelona para coger el tren cada vez que yo tenía que ir de nuevo a Madrid a intentar superar una nueva prueba del proceso de mis oposiciones. Ya emprendiendo el camino de salida no pude más que sonreír al acordarme de una de aquellas veces que me acompañó al tren. Yo le pedía que no se marchara, que siguiera un poco más allí conmigo a la espera de que el tren arrancara hacia Madrid. Y de repente el vagón comenzó a moverse, las dos corrimos hacia las puertas de salida, el tren apenas había iniciado su marcha y yo, muerta de la risa, gritaba a mi madre —Tírate mamá, tírate, ahora todavía puedes, va despacio— Y ella a carcajadas evidentemente se negó a hacer lo que yo le decía. ¡Ay! Dios…Menos mal que no me hizo caso. 

Ella había aguantado el humo de mis cigarrillos durante meses metida en aquel pequeño cuarto de estar mientras yo estudiaba horas y horas y horas. Tantos meses y tantos cigarrillos que el blanco de la pared desapareció y mis padres tuvieron que pintar las paredes. Todo el temario era intragable. Aburrido hasta decir basta. Pero había un tema especial. Especialmente intragable. Recuerdo el tema 11 del temario. Se me atragantó desde que lo leí la primera vez. No podía. No había forma de aprenderse aquello. Decidí que entre tanto tema tenía yo que tener muy mala pata para que me tocara ese precisamente. No lo estudiaría. Punto… pero se aproximaba el día de la prueba de desarrollo de uno de los temas y mi cautela me obligó a, con el esfuerzo que requiriera, aprenderme aquel tema. Recuerdo perfectamente como lo recitaba mientras me duchaba, mientras paseaba salón arriba y salón abajo…y llegó el día de aquella última prueba. El presidente del Tribunal sacó una bola del bombo y pronunció: Tema 11: La organización del Ministerio del Interior…Ufffff Suspiré, intenté calmarme e interiormente pensé —¡La plaza es mía!— Me lo sabía como el Padre Nuestro. Fue el tema más reciente así que lo tenía fresco y comencé a escribir como una loca en aquellos folios que nos facilitaron…y esperé con bastantes esperanzas de haber aprobado pero sin la certeza, claro. Esperé con ansiedad los muchos días que tardaron en publicar los resultados. Hasta que por fin, en aquel BOE de septiembre, por una resolución de junio de 1978, se hacía pública la lista de opositores aprobados a los que se nombraba funcionario de carrera. Los nombres no guardaban orden alfabético así que mis ojos subían y bajaban por la lista con el corazón encogido hasta que vi mi nombre y apellidos. Dios, qué intensa alegría sentí. Por fin…

Con aquel nombramiento comenzó mi vida profesional. Creo que la mejor que pude tener. Si pudiera elegir de nuevo, no elegiría dedicarme a otra cosa. Siempre quise ser lo que he sido a sabiendas de la mala fama que hemos tenido siempre todos los funcionarios en esta país. Fama ganada a pulso, todo hay que decirlo. No es gratuita, no. Pero si es cierto que los ciudadanos de hace cuarenta años tenían todas las razones para meter a todos los funcionarios en el mismo saco porque la atención que recibían de ellos era inadmisible, no lo es menos que durante estos cuarenta años, España, los ciudadanos y los funcionarios afortunadamente han cambiado radicalmente. La mayoría de funcionarios de ahora nada tienen que ver con muchos de los funcionarios de hace cuarenta años. Eso es así. A pesar de que a muchos les cueste reconocerlo. Conozco la Administración desde dentro y desde fuera porque yo también soy atendida por otros funcionarios cuando presento mi declaración de la Renta, cuando soy atendida por un servicio médico, cuando me dirijo a mi Ayuntamiento o cuando mi hija ha cursado su enseñanza obligatoria y puedo asegurar que el cambio es abismal lo sepa o no la gente y lo crean o no algunos.

Pero sí, cuando yo intentaba aprobar aquellas oposiciones muchos de los funcionarios eran una especie de virreyes que se permitían tratar a la gente sin la más mínima empatía y con una falta de profesionalidad asombrosa. Tan cierto que mi propia madre, justo antes de salir en aquel Talgo hacia Madrid para realizar la última prueba de las Oposiciones me hizo prometerle algo. 

Lo he dicho muchas veces, yo tengo unos orígenes muy, muy humildes. Mi padre era un agricultor que se vio obligado a emigrar a Cataluña durante los años sesenta y mi madre una simple ama de casa que trabajó todas las horas que daba de sí el día dejándose los ojos frente a una máquina de coser haciendo confección. Juntos, aquel agricultor que se hizo conductor de autobuses de la empresa Transportes Metropolitanos de Barcelona y aquella joven mujer, con su esfuerzo y su trabajo incansable, hicieron posible que mi hermana y yo pudiéramos tener una vida mejor que la que ellos habían tenido en el pueblo.

Mi madre se avergonzaba de sus faltas de ortografía y de lo que ella creía que era incultura y temía tener que solicitar los servicios verbalmente o por escrito en muchos sitios de la Administración. Eran funcionarios arrogantes y soberbios a los que no se te ocurriera toserles. Precisamente por eso, por el temor con el que mucha gente se dirigía a ellos, precisamente por la sensación de que no iban a tener de su parte la amabilidad y el trato al que estaban obligados por ser los administrados quienes pagaban con sus impuestos sus nóminas… precisamente por eso mi madre aquel día me hizo prometer que si ganaba aquellas oposiciones yo intentaría hacer las cosas distintas. Que atendería lo mejor que pudiera, que daría una atención correcta, amable y educada, que me pondría en la piel de la gente, que intentaría empatizar con ellos…

Yo, durante estos cuarenta y dos años, he tenido en mente muchas, muchas veces aquel compromiso que asumí con la promesa a mi madre. El otro día, ya de camino hacia la puerta de salida tenía el corazón lleno de emoción tras firmar mi jubilación y sí, me faltó allí mi madre. Me hubiera gustado salir del brazo con ella. No estaba triste. Tenía ganas de jubilarme y dedicar mi tiempo a las mil cosas que me gustan hacer pero aunque lo deseara, por dentro…han sido tantos años de trabajo, tantas experiencias, tantos magníficos compañeros…que era inevitable que estuviera muy emocionada. Traspasé la barrera de salida y dije adiós a un joven Policía que estaba en el puesto de seguridad. Crucé la carretera. Me paré frente al Centro y contemplé su fachada y de nuevo la bandera que siempre me emociona porque la siento tan mía... Estuve allí el tiempo que dura un cigarrillo pensando. Pensando en cuarenta y dos años. Pensando en la muchacha de 18 años que entró por primera vez en una dependencia policial y en aquella mujer de 60 que salía por última vez de una de ellas, su último destino.

Terminé mi cigarrillo y me fui alejando del Centro encaminando mis pasos hacia el autobús con una grata sensación interna y con la imperiosa necesidad de llegar a casa para llamar por teléfono a mi madre. Y así lo hice. Le pregunté si se acordaba de aquella promesa y evidentemente me dijo que sí. Se adelantó a mis palabras —Lo sé, sé que la has cumplido, María. No tengo ninguna duda— Pues sí, creo honestamente que la he cumplido durante estos cuarenta y dos años de servicio. He cometido muchos errores. Por supuesto. Pero desde luego he trabajado todo lo que he podido trabajar y lo he hecho lo mejor que he podido. He tenido la suerte de desarrollar algo imprescindible y que debería ser exigido a todos los funcionarios: la vocación de servicio. Un funcionario no es un trabajador por cuenta ajena, es un servidor. Y el funcionario que no lo viva así debiera replantearse su trabajo. Yo, así me he sentido durante todos estos años. Y tratar de servir a los ciudadanos del mejor modo posible con los medios que he tenido me han hecho sentir muy orgullosa de mí y de mi Ministerio porque he tenido la fortuna de estar rodeada de magníficos compañeros que han desarrollado y desarrollan su trabajo con eficacia, con impecable profesionalidad y con entrega. Espero que el tiempo nos redima y la gente acabe cambiando poco a poco la imagen que tiene de nosotros. Porque eso sería lo justo.

Querido lector, te seré sincera, no tengo ganas ahora de escribir sobre jardinería. Mi infarto me impide realizar los esfuerzos físicos que he hecho siempre para tener cuidado mi jardín así que tengo que aprender a asumir la jardinería de otra forma. A pesar de ello creo que sigo teniendo muchas cosas que comunicar y que compartir. Entre aquella muchacha de dieciocho y la mujer de hoy no hay tantas diferencias internas. Más quilos, más arrugas, muchas cicatrices... pero la pasión, el amor por el trabajo bien hecho, el deseo imperioso de aprender cosas nuevas siguen intactos.

Me encantan hacer muchas, muchas cosas que a mí me parecen hermosas. Puedo compartirlas con vosotros. Es posible que a muchos os interese. La jardinería no es incompatible con tener otros intereses y en el fondo, sé que la mayor parte de jardineros, se ven atraídos por la belleza de todo tipo así que eso haré a partir de ahora. Volcando aquí mis trabajos y mis experiencias. 

Un abrazo queridos lectores y mi absoluto agradecimiento a todos vosotros que seguís enviándome correos y visitando este blog parado desde hace ya demasiado tiempo. Creo que ya tengo el ánimo para volver a escribir aquí asiduamente. Los sesenta tienen eso… que una se siente una jovenzuela con unos grandes privilegios, no tener que madrugar por obligación si no porque una quiere madrugar, no tener que ir al cole ni tomar el autobús para ir a trabajar. Simplemente levantarse y dedicar todo, todo su tiempo a lo que desea…¡Ja! Me encanta tener 60.


22 comentarios:

  1. Un afectuoso saludo de agradecimiento de un nuevo lector que, aterrizado aquí por casualidad siguiendo el rastro de unos frutales, he terminado seducido por el blog y su autora y he disfrutado de ¡dos horas! de encantadora lectura.

    Enhorabuena y mucha salud y ánimo para retomarlo. Voy a seguir saltando un rato entre semillas, recetas y reformas ;)

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    1. Vaya! Estupendo...un nuevo lector. Ignacio, me alegra mucho tu "seducción" por el blog. Lo cierto es que no pienso mucho lo que escribo, tan solo plasmo por escrito lo que siento y pienso porque creo que un blog ha de ser eso, un sitio dónde transmitir de la forma más directa lo que queremos compartir. A veces, los artículos requieren algo más de tecnicismos, otra, por tratarse de cosas más emotivas y emocionales me permite expresarme de forma mucho más ajustada a cómo soy yo, natural.
      De frutales no encontrarás mucho en este blog pero de jardinería...jajajaj de jardinería hay algo así como más de quinientos artículos. En fin, espero seguir contando contigo como visitante y que me premies con tu participación comentando. Un abrazo.

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  2. Me alegra saber que estas bien. Yo siempre estaré por aquí, me encantó leerte y saber un poquito más de ti, no sabía nada del infarto. Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias, querida Teresa. Muchas gracias por estar ahi siempre. En breve, en unos días, vamos, publicaré un nuevo artículo sobre el proceso de restauración de una vistrina. A ver si os gusta. Un abrazo, querida.

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  4. Mi querida María. ! Qué alegría reencontrarte de nuevo !. No sabía nada de tu infarto del que deseo que estes totalmente recuperada. Acudía a tu jardín un día trás otro y nada...
    Te deseo lo mejor en esta nueva etapa. Eres maravillosa. Un gran abrazo. !! Felicidades !!.

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  5. Muchas gracias, Lola. Pues sí, ya ves, me llevé un susto bueno. Ahora a modificar algunas cosas de mi vida de manera que se adapten a la nueva situación. También obtengo placer y belleza de otras muchas cosas que hago que mi estado de salud me permiten. Compartirlas con vosotros es un gran placer para mí y si de paso alguién aprende algo que le resulte interesante y se anime a hacerlo pues...estupendo. A ver cuando nos llamamos, Loliña y tenemos una buena conversación de las nuestras.

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  6. Querida María, cuánto tiempo sin saber de ti. Y cuantas cosas te han pasado en este tiempo, verdad? Pero me alegra tanto, tantísimo, saber de nuevo que sigues por aquí, con tus ganas de escribir y de hacer cosas y contarnoslas. Te sigo leyendo. He leido este post y me han venido a la mente muchas cosas. Sobre todo, cuando me contabas tan en detalle lo que debía hacer para renovar el dni de mi padre dependiente. No me extraña que lo supieras tan bien! Siento que hayas pasado por ese infarto, pero me alegro que lo hayas superado, como has superado tantísimas cosas. Ahora a cuidarte, a disfrutar de tu tiempo, y a hacer cositas, poco a poco. Yo tampoco soy la que era, he simplificado mi jardín. Porque no tengo tanta fuerza y porque dedico más tiempo a mis padres. Qué alegría saber que seguiremos en contacto.
    Un abrazo muy muy fuerte!

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    1. Ayyyyy querida Mónica!! Cuánto me alegran tus palabras... He abierto el blog y como bien sabes, te notifican de los comentarios y al ver tu nombre, rápidamente me he venido aquí a saber qué me decías. Claro que recuerdo tu consulta sobre la renovación del DNI jajajaja Cómo no iba a estar informada del proceso de documentación? Si yo me dedicaba a ello ajajjaja
      Estoy recuperándome, poco a poco. Cuesta sanar aunque son las heridas de dentro las que se resisten más a cerrar, yo soy una mujer fuerte y valiente y conseguiré curar del todo.
      No he querido abrir otro blog para este tipo de cosas que os muestro ahora porque perdería el contacto con tantos lecctores asiduos. Estoy muy contenta de volver a saber de ti. Gracias por tus palabras y por tu visita a este blog. Un abrazo, amiga.

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  7. María! Que bien leerte de nuevo,.. primera vez que te comento aunque te haya seguido mucho. me alegro de que estes recuperandote. Espero seguir leyendote por mucho tienpo.
    Un abrazo

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  8. Que alegría leerte de nuevo. He visitado en ocasiones tu página, que tanto me ayudo en mis principios con mi jardín, la encontraba sin actualizaciones y me entristeció. Ahora me alegro leerte de nuevo y saber que estás recuperada y con una nueva andadura, desde luego seguiré todo lo que escribas, tienes un alma inquieta y eso es un privilegio que comparto también, admiro tu gran espíritu artístico, tus obras son muy bellas. Me alegro reencontrarme contigo.

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  9. Muchas gracias, Nines. Como siempre, me he levantado temprano y con el primer café de la mañana en la mesa,te he leído. No sabía que tenias un blog. Escribes cosas profundas y sabias :-) No dudes que seguiré atenta a todo lo que escribas. Me gustó lo que leí y seguro me gustará lo que cuelgues. Un abrazo y gracias por tu visita y tus amables palabras. Que tengas un buen día.

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  10. Me he alegrado mucho al volverte a encontrar en tu blog. Siento lo de tu infarto, la salud siempre lo primero... mucho ánimo para todo y cuídate muchísimo. Enhorabuena por tu jubilación!! disfruta todo lo quepuedas!!!. Son tiempos duros para todos... pero aún más si hay algún problema añadido; acabo de terminar mi segundo tratamiento de radioterapia contra un tumor... pero sigo disfrutando mucho del jardín, aunque casi no puedo hacer nada, como dices, tenemos que plantearnos la jardineria "de otra manera". Un abrazo desde Valencia

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  11. Hola, María. Muchas gracias por tus amables palabras. Y toda la fuerza y ánimo para que afrontes tu también tan duros momentos. Gracias por visitar mi blog de nuevo.

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  12. ¡María! Hace un rato te escribí para consultarte sobre la mezcla Mel y ahora me acabo de zampar el delicioso relato sobre tu jubilación. Me he visto muy identificado con todo lo que has escrito. También he sido funcionario, con igual espíritu de servicio y honestidad profesional y ocho meses jubilado. Igual que tú, jubilación anticipada por enfermedad. Estoy en 'período de adaptación'; tantos años vividos de una forma tan intensa y satisfactoria cuesta quedarse en dique seco. He sido 'maestro de escuela', buscado adrede. Antes estuve en el Ejército y tenía ya la vida resuelta, pero no entraba en mi proyecto de vida sobre todo por lo que sufren las familias con los cambios de destino.
    Voy a seguir visitando tu blog y cruzando información contigo. Firmo como anónimo porque soy conocido y quiero compartir contigo, pero no más allá.
    María, cuídate mucho y disfruta con plenitud esta nueva etapa que nos ofrece la vida.
    Recibe un cariñoso saludo.

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  13. hola! leo tu blog aunque hasta ahora no me he atrevido dejarte comentario alguno. Me alegra saber que estas bien, creo que escribir y estar ocupada con todo lo relacionado con el arte y la jardinería cura el alma. Cada vez que he comprado un rosal estos últimos dos años, desde que empecé a obsesionarme con ellos, he mirado antes si ponías algo sobre él. Tus consejos y tus fotos me han ayudado a decidirme en mis elecciones. sigo esperando encontrar en ejemplar de alan titchmarsh porque lo vi en tus fotos pero tendré que tener paciencia hasta que lo tengan disponible. Una pregunta que para mi es muy importante: para los casos en los que los rosales tengan pulgón rojo ¿qué utilizas? Muchas gracias pot tu aportación y aunque no dejemos comentario seguro que somos muchos los que te leemos. un abrazo

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    1. Hola, querida lectora. Quiero que pienses algo...dices que no te has "atrevido" a comentar nada. Pues te diré que escribir en una pantalla si no se tiene la certeza de que hay gente detrás leyéndote, no tiene sentido alguno. Si algo da sentido y razón de seguir compartiendo al que escribe en un blog, son sus lectores. Pero te aseguro que ese razonamiento de que aunque no se escriba te leen... es un dato frío. Evidentemente que yo sé la cantidad de lectores que tengo porque blogger me da la estadísticas, sé las horas de conexión, sé los países...sí, pero eso al que dirige un blog no le sirve de mucho. ES el contacto directo, el comentario amable, la pregunta...la relación directa y bidireccional (en los dos sentidos) lo que anima a un bloguero a seguir publicando artículos.
      Así que te diría a ti y a cualquier lector, que te animes, y que pienses que la única "recocmpensa" que alguién que publica y comparte sus pocos o muchos conocimientos que tiene con el tiempo que ello supone, solo es una: SUS LECTORES!! Gracias por participar en este blog y por tus palabras amables. Un saludo.

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  14. Bueno, pues parece que yo también he aterrizado en este blog buscando esquejes de glicinias y me he ido metiendo y metiendo llegando hasta aquí, yo también fui funcionaria y me suena tanto lo que cuentas.... pero yo trabaje en cultura en el Ayuntamiento, yo trabaje 40 años y me jubilé hace 4, vivo en el sur, buen tiempo con montaña y playa, me jubile muy contenta, dicen que al jubilado le entra depresión al poco tiempo por no tener nada que hacer, eso es un error creo, porque hay otros intereses, se aprenden cosas nuevas, yo me apunte a la escuela oficial de idiomas e hice 2 años de árabe, luego me canse de ir todas las tardes a clase y lo deje pero me apunté a pilates y sigo y también a yoga que sigo, me doy mis masajes descontracturantes, y ahora me ha dado por poner en orden una pequeña terraza que la estoy llenando de plantas, de esquejes, que voy cogiendo según voy andando por la calle jajajajaja, no paro de mirar jardines, muros, tapias. Precisamente ahora tengo 3 esquejitos de glicinia y buscaba la forma de arraigarlos y te he encontrado.
    El jardin y el cultivo de flores y plantas desestresa, te puedes tirar horas arreglando y mirando tus plantas y flores, yo soy la loca de las orquídeas, viajo mucho y me he traído orquídeas de argentina, cuba, tailandia, corea del sur y las propias de aquí, y soy de una asociación de orquidófilos. Me alegro que estés haciendo lo de los muebles, las lamparas, a mi me gustaría hacer lo del vidrio y pintura y....tantas cosas me apetecen, hemos currado mucho y como dices siempre intentando ayudar al ciudadano, así que el parón nos viene de perlas, mucho ánimo y venga!!!a hacer lo que nos apetezca, quién nos va a parar? somos libres.

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  15. Muchísimas gracias por tu participación. Bienvenida! Sea porque buscabas esquejes de glicinia...sea por lo que fuere, aquí estás. ESpero seguir contando con tus visitas a este jardín y sobretodo cocn tu amable participación. Gracias. Que pases un bonito dia.

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  16. Hola María, pues también he varado en este tu espacio producto de mi interés por las rosas Pierre de Ronsard. Me ha cautivado tu forma de expresar como cuídaste y vivías ese rosal en Madrid. En fin, he entrado más en tu mundo y mi segundo post ha sido éste. Por lo pronto deseo tu recuperación y estés disfrutando tu vida de jubilada con nuevas motivaciones. Aún no te visito en el arte de la restauración, espero hacerlo y ser una lectora de tus relatos.
    Saludos desde un otoño frío en Santuago de Chile. Me duermo pensando en rosales y que como dices por acá tienes muchos post acerca de jardinería. Abrazos y Dios cuide de tí.

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  17. ¡Qué grata y qué inusual sorpresa! Donde menos se espera salta la liebre...¡qué se le va a hacer, soy un refranero compulsivo!.
    Me ha gustado mucho el blog y más que por las maravillas artísticas que en él se reflejan, por los relatos de vivencias personales, algo a lo que uno no está acostumbrado...Es muy difícil "desnudarse" con tanta decisión y falta de pudor.
    Eres una mujer valiente, decidida y sincera, muy pero que muy sincera, algo también complicado de ejercer hoy en día donde la impostura y las apariencias son lo que cuentan...Te seguiré de cerca porque insisto, con hallazgos como éste tre tropiezas muy pocas veces en la vida....

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    1. Buenas noches, Sergio. Me alegra mucho saber que tengo un nuevo lector. Agradezco enormemente tus amables palabras. Casi me hacen sonrojar jajajaja.
      Por otra parte te diré que el "striptease" tiene su trampa porque es virtual. Algo así como despojarse de la ropa detrás de un biombo o mejor...hacerlo sabiendo que alguien mira por el hueco de la cerradura pero que una jamás se sentirá perturbada por su mirada porque no tendrás nunca sus ojos frente a los tuyos.
      Pero sí, soy sincera, probablemente porque no valgo para ser mentirosa jajaja Tengo demasiadas cosas que quiero seguir recordando y como el número de mis neuronas es limitado, no quiero ocuparlas con mentiras de las que luego deberé acordarme constantemente para no ser pillada in fraganti.
      La edad tiene eso...que trae quilos y resta la tersura de la piel pero a cambio trae algo de sabiduría aunque cuesta toda una vida llegar a la conclusión de que eres quién eres y que no quieres ser nadie que no seas. A quién le gustes bien y a quién no le gustes, también bien. Por eso cuento las cosas tal como las siento. Si, reconozco que soy con frecuencia políticamente incorrecta. En este artículo hay varios ejemplos ajajjaja Eso es lo que hay. Sin trampa ni cartón.
      En fin....me enrollo. Muchas gracias de nuevo por tu participación en este blog. Espero y deseo seguir contándote entre mis lectores. Un afectuoso saludo, Sergio.

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