domingo, 25 de noviembre de 2018

Ese espacio que guarda nuestros sueños y que asiste a buena parte de nuestras emociones

Cada estancia de la casa quería que cumpliera las funciones que yo suelo asignarles. Si el salón debía ser cómodo, alegre, con aspecto ordenado y cierto clasicismo, el dormitorio pretendía que diera un aspecto acogedor, con un punto romántico. Necesitaba que en él pudiera hacer las cosas que me gusta hacer. Que en él pudiera leer, sentarme simplemente a pensar mientras miro el jardín desde la ventana mientras me tomo un café o ver incluso la televisión. 
Cuando uno es muy joven no suele tener muchas cosas. Su "ejército" de objetos reunidos a lo largo de su vida no suele ser muy amplio. No es mi caso. Tengo infinidad de libros que he necesitado ir adquiriendo a lo largo de mi vida mientras cursaba mis estudios en la facultad, aprendía las muchas aficiones que tengo o que simplemente he ido comprando porque el autor de la novela es de mi gusto o porque me han ido recomendando gente en cuya opinión confío. 
Y todos estos libros no los he tenido nunca en la misma estancia. Las decenas y decenas de libros  de cocina que tengo están en la  cocina. Los que tratan de jardinería están en el salón. Aquí en el dormitorio prefería dejar libros de Historia, de Arte, los libros sobre análisis político español, y también los que tratan de muchas de las actividades que tengo o que me interesa aprender y que no necesito tan asiduamente como los de jardinería. Qué mejor sitio para albergarlos que unas estanterías de Ikea que tengo hace muchísimos años y que al tener puertas con cristales pueden verse los libros pero no cogen polvo...
Para mí el dormitorio es un lugar de relax, de descanso, de sosiego. Por eso he preferido un ambiente que me inspirara esta paz que yo necesito cuando estoy en él. El dormitorio asiste a nuestra parte más íntima. En él soñamos despiertos y dormidos. En él se oyen nuestras risas y caen nuestras lágrimas y si hay un espacio dónde más somos nosotros mismos, es aquí, en el dormitorio. No?
Al igual que el salón que os mostraba el otro día no cuenta todavía con cuadros al óleo que tengo previsto colocar sobre las paredes ni con muchos detalles (unos comprados y otros que tengo el proyecto de realizar yo misma). No está todavía decidido la lámpara principal que colgaré del techo y aunque seguramente tendrá un cierto aire "vintage", ya digo, no lo tengo decidido.
Pretendo ir colocando detalle a detalle, despacito. Sin prisa alguna. Tengo lo básico colocado. Poco a poco, según vaya teniendo seguridad de que las ideas que se me vayan ocurriendo seguirá ajustándose también con el tiempo a mi gusto, iré colocando o decorando objetos que irán perfilando del todo el estilo.
No tengo pensado recargar mucho el dormitorio ni meterle demasiado color que distorsionaría el ambiente que yo pretendo.

Sí estoy decidida a trabajar sobre alguno de sus muebles. Por ejemplo el escritorio Davenport victoriano que yo uso a modo de mesita de noche y que he colocado al lado de la cama del lado de la puerta de acceso a mi baño. Lo compré hace muchísimos años porque me enamoré de él. Es de caoba y lo adquirí sin tratamiento alguno. Por aquel entonces pensé que sería buena idea teñirlo en un tono con cierto punto rojizo que resaltara el natural tono de la caoba. Pero el asunto es que una vez aplicado el tinte no me convenció. Luego vino el traslado aquí a Madrid, luego vino el jardín...la cosa es que está como lo dejé hace años y ahora como digo estoy decidida a decorarlo en el mismo tono blanco roto que tienen la mayoría de muebles del dormitorio.
Igualmente haré con el espejo que (aún sin colgar y simplemente sobrepuesto) tengo sobre el tocador
Por cierto este mueble inicialmente no era un tocador. Se trataba de un mueble que también adquirí en bruto (vamos, sin barniz ni pintura alguna) y que yo misma laqué en blanco. Era un mueble para poner en él la televisión. Por aquel entonces aún no existían las televisiones planas de hoy en día. Os acordáis? Tenia una profundidad tremenda y precisaban de muebles bastante anchos para darles cabida.
El mueble tenía bajo el estante dónde apoyaba la televisión unos cajones y una puerta con cristal y todo él se apoyaba en unas patas. Pues bien, no tenía sentido conservar aquel mueble con una televisión moderna así que decidí cortarlo y convertirlo en dos muebles. De una parte un tocador (la que en el antiguo mueble era la superior y que albergaba la tele). Sobre él he colocado un espejo que tiene bastantes años, se trata de un espejo de los años cincuenta y seguramente formaba conjunto con algún sinfonier o algún aparador de comedor en aquella época. Me encanta!! Me gusta mucho la talla de flores que tiene el espejo e incluso no voy a sustituirlo por uno nuevo. Ni pensarlo! No voy a renunciar a esas manchas que solo aparecen en los espejos cuando tienen muchos, muchos años... jejej son como la pátina que forma las piedras del jardín con el tiempo a base de musgos y líquenes. Verdad? Eso sí, no me gusta en el tono que está. También lo pintaré en blanco roto y le daré un aspecto envejecido.
Con la parte inferior del mueble que comento he obtenido un mueble sobre el que apoyo la pequeña televisión que tengo en el dormitorio. Dos en uno!
Me gusta pasar ratos frente a la ventana, simplemente mirando, simplemente pensando... y qué mejor para ello que un comodísimo sillón de piel estilo inglés con un mullido cojín y una pequeña mesa velador para apoyar un café si me lo estoy tomando? Desde mi dormitorio se ve el pueblo y de noche me encanta disfrutar de la vista a lo lejos, viendo centellear las luces de las farolas y las viviendas. Me siento muy bien en este rincón...
En todos mis dormitorios que he ido teniendo en las distintas casas los tejidos de cortinas y especialmente la ropa de cama han sido fundamentales para mí.
Tengo muchísima ropa de casa que he ido haciendo yo a lo largo de los años o que mi madre me ha ido haciendo. Me enamora una cama mullida, limpia, bien hecha....que la mires y te den ganas de meterte en ella para que te abrace jajajaja
No me gusta verle las patas a la cama, por eso siempre la tengo vestida con unas faldillas. Estas en concreto me las ha regalado mi madre hechas por ella misma. Me parecen preciosas! Y siendo producto de sus manos, tienen además un valor sentimental enorme para mí.

Os decía decía el otro día que yo jamás había comprado una sábana, unas cortinas y solo en alguna ocasión sí he adquirido alguna funda nórdica. He hecho todas estas cosas yo misma y estoy tan acostumbrada que cuando pongo un juego de sábanas o funda nórdica limpio, no solo los almohadones si no también los cojines sean iguales que se me hace impensable poner cosas de colores o tejidos distintos. Además, estoy acostumbrada al tipo de confección antigua que me enseñó mi madre. Son detalles que jamás estarían en una sábana que yo comprara y que si quiero disfrutar de ellos no me queda más remedio que coserlos yo misma. Pero por si fuera poco, es que soy una maniática y las medidas de las sábanas que compran a mí me resultan diminutas. Yo quiero embozos de ochenta centímetros para que sigan asomando por muchos cojín que ponga en la cama y que pueda remeter bien bajo el colchón a los pies de la cama y que no se salgan las sábanas durante la noche. Así que las hago enormes!





Os muestro por ejemplo la embocadura del almohadón. Cuenta dentro del embozo con un pestaña que tiene ojales y botones de manera que una vez se ha metido la almohada en ellos no se sale. Que no es necesario? Pues es verdad que no lo es, pero a mí me encantan estos detalles en la ropa de mi cama.

La ropa de cama siempre la he tenido aparte. Nunca en mi vestidor. Y ahora en esta casa tras la remodelación he hecho igual.

El armario de tres puertas es un simple armario de Ikea. Pero, para contener la ropa de cama le quise dar un aire romántico y lo pinté hace muchos años en ese tono que veis en la fotografía. Busque un aire "vintage" en su interior y de ahí que lo forrara con tela y adorara el borde de sus estantes con una tira de puntilla.


En las fotos no se aprecia pero en la realidad, desde el interior del dormitorio puedo ver los árboles del jardín. No quería perderme las vistas. He querido que el jardín siga "entrando" por todas las ventanas de la casa. Que mientras recorro su interior pueda estar viendo siempre el jardín.
Por eso no he elegido tejidos gruesos y opacos si no dos visillos uno sobre otro. El primero en blonda y el segundo algo más opaco y en tono crudo muy claro. Y es que al tener mucha ropa de cama y ser muchas sábanas y fundas nórdicas con estampados de flores, la única manera de que no se vea recargado el dormitorio vista la cama como la vista, es que las cortinas sean de colores muy neutros.
Aquí ya sabéis que hace bastante frío en invierno y tener cubierta buena parte del suelo con dos grandes alfombras sin duda contribuye a la calidez del espacio y desde luego resulta muy muy gustoso levantarse y no pisar el suelo con los pies desnudos en enero! jeje
En fin... cada uno adaptamos los espacios de nuestra casa a los gustos, necesidades y forma de ser que tenemos. No?

3 comentarios:

  1. Precioso y una estancia muy relajante, has puestos unos colores cálidos que van con ese estilo Brithis que le has dado a tu hogar.
    Espero ir pronto a verla personalmente, un abrazo guapa

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  2. Precioso Maria, se ve muy muy bonita. Besos y que la disfrutéis con mucha salud.

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  3. Me está gustando mucho tu casa. Besitos.

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