sábado, 17 de marzo de 2018

Nieve a las puertas de la primavera

Tengo la suerte de tener un gran ventanal frente a mi cama. Ello me permite tener la maravillosa sensación de ver el cielo, los árboles y buena parte del jardín tan pronto abro los ojos por la mañana. Esta es la visión que tengo cuando comienzan todos mis días y también la última que tengo por la noche antes de dormir.
Jamás cierro la persiana por las noches. Por mucho que llueva o haga frío. Renunciar a esa visión para comenzar mi día se me hace impensable.
Anoche me dormí tarde así que mi hora de despertar se ha retrasado un poco. Ver los copos de nieve tras los cristales me ha parecido tan hermoso que he disfrutado unos minutos de esa visión calentita aún bajo el nórdico. No tengo cortinas, ni visillos. Quiero que el jardín se meta por todas las ventanas de mi casa. Qué gusto verlo siempre aún dentro de casa desde cualquier estancia!! Gruesos, esponjosos, suaves, caía con parsimonia... Por la nieve acumulada sobre  las ramas de  los pinos y los enebros que veía sabía que había comenzado a nevar hacía poco. A este ritmo pronto el jardín blanquearía entero. Mis ganas de café y mis ansias por recibir el aire fresco en mi cara no me han permitido permanecer sin levantar más allá de unos minutos. Arriba!! 
Y así ha sido. El rato de preparar un poco de caldo caliente con pan migado para mi perro y de poner la cafetera al fuego ha sido suficiente para ver por la ventana de la cocina como el blanco iba robando espacio según pasaban los minutos.
Iker tenía hambre esta mañana y parecía no tener espera. Sus empujones "cariñosos" me han hecho imprimir rapidez a la preparación de su comida. Listo. Caldito templado con un poco de pan y el buen trozo de jamón cocido que usé ayer al preparar el caldo y que a mí me resulta excesivamente reseco para comerlo, es un buen reconstituyente como primer alimento del día. Antes le daba solamente las típicas bolas de pienso pero llevo un tiempo comprobando que Iker no las come con ganas. Esa comida le aburre y no me extraña la verdad. No quiero imaginar qué sería comer siempre, cada día, todos los días, biscottes secos y crujientes... puaggg!! Qué hartura. Verdad? Así que desde hace  unas semanas preparo unos litros de caldo con restos que me dan en la carnicería. Lo desgraso bien para no darle calorías que no precisa y junto con las bolitas suyas y cualquier cosa que tenga por ahí preparo sus comidas mucho más apetitosas ahora. Listo, caldito, pan y jamón rebosando en su pocillo. Casi no me ha dado tiempo de dejarlo sobre el suelo. Sin levantar cabeza ha dado buena cuenta de ello. 
Qué caradura tiene! Habitualmente me acompaña en todos los paseos pero claro, entiendo que si tiene que elegir entre el jamoncito y yo, está claro que se queda con el jamón ajjjaja así que hoy he empezado a inspeccionar el jardín sin él. Solo cuando terminó de comer cabalgando como hace siempre me ha alcanzado y luego sí, hemos hecho nuestro paseo juntos.
Qué bello estaba el rincón de la fuente de piedra, con el barreño rebosando agua a medio congelar y la maceta bordeada por un ribete que parecía de merengue...
La nieve estaba tan inmaculada que me molestaba marcar mis pasos sobre ella. La zona frente a la casa que hasta que se haga el estanque no voy a seguir ajardinando estaba preciosa. 

Nunca me parece bonita pero hoy, toda vestida de blanco me parecía hermosa con sus escalones de piedra. 

En el camino de las acidófilas lleva ya un par de semanas brotada la Sorbaria Sorbifolia 'Sem' con sus hojitas verde musgo y rojo brillante hoy lucía aún más bonita con la nieve formando pequeñas bolas de helado sobre ellas.

Las varias matas de Euphorbia characias 'Glacier Blue' que tengo por el jardín año a año van poniéndose más tupidas y el número de ramilletes florales aumenta. Por cierto, creo que he prendido a podarlas bien a base de observarlas crecer. Una vez florezcan este año eliminaré hasta abajo todos los tallos que han florecido, hasta ahora solo los cortaba a la mitad pero he comprobado que terminan muriendo y las ramas secas y muertas afean luego la planta.
He llegado a la plataforma de hormigón y durante el tiempo de un cigarrito he soñado con el cenador de madera y piedra que quizás algún día pueda poner ahí. Deseo tanto un cenador de aspecto decadente...Rosales trepadores alcanzando su techumbre, matas de salvia a sus pies y en el centro un par de asientos amplios y cómodos junto a una fuente sencilla y con aspecto añejo. Tengo la imagen detallada y completa de mis deseos en mi cabeza. Un lugar desde el que mirar buena parte del jardín a cubierto del sol inclemente en verano y de la lluvia en invierno. Un espacio para relajarse y mirar y no hacer nada...solo mirar, sentir y pensar.

Un mirlo me ha sacado de mi ensimismamiento. Sobre el suelo protegido de la nieve bajo las copas de los grandes enebros que crecen a los pies de la barandilla que cruza transversalmente la parte central del jardín, allí estabam junto al tronco del pino afanado, buscando su alimento escarbando la tierra.
Llevo ya demasiados días sin humedecer el compost así que aprovechando el paseo me he dirigido al huerto para poder regarlo un poco a ver si cuando iniciemos la temporada de las hortalizas pueda usar el contenido de las composteras en él. Debería moverlo para activarlo un poco más porque hace mucho frío pero con este tiempo, cualquiera se pone a vaciarlas y mover todo su interior!!
Pero antes de entrar en él he querido disfrutar de la belleza que rebosaba por todo el centro del jardín. Quien dijo que en invierno los jardines no son hermosos?

Los dos grandes olmos engalanados ya con sus raras florecillas sobre sus estructuras todavía casi desnudas y que tanto me gustan de los árboles en este momento del año.

Qué precioso son los arbustos ahora. No precisan de hojas ni de flores para conmoverme. Simplemente sus escorzos me emocionan. Como limpias y ágiles líneas trazadas con lápiz carbón sobre papel en el dibujo de un boceto. Ya quisiera yo ser capaz de dibujar como lo hace la Naturaleza...

Las ramas de enebros y pinos vencidas cada vez más por el peso de la nieve...como grandes paraguas formando bajo sus copas zonas sin cubrir todavía.
Sus copas perennemente cubiertas de hojas forman sobre la escalera central del jardín un camino fresco y umbrío en verano que resulta muy agradable de transitar. También en invierno esta subida a la zona alta del jardín bajo sus copas proporcionan la sensación de recorrer un túnel a resguardo de las inclemencias.
Y los rugosas, con sus hojitas frescas y recién brotadas disimuladas hoy bajo los cristales de hielo.
Llego por fin al huerto. Los bancales, como era de esperar, blancos, como todo el jardín... Entro en él y al cerrar tras de mí el primer portón me viene a la cabeza el hombre que hizo los cierres de las dos puertas de mi huerto. 
Me parecen de una simplicidad tan hermosa... trato de no pararme demasiado en el recuerdo pero no soy capaz de evitar una punzada en mi corazón :)
Acaricio la madera que poco a poco bajo la inclemencia del tiempo va envejeciendo...y salgo del huerto rescatando mi memoria del recuerdo.
Subo la escalera de piedra del jardín secreto que bajo los dos enormes pinos ha quedado a cubierto de la nieve. Y no tardo en divisar el joven y precioso almendro (Prunus dulcis). Las flores comenzaron a abrirse hace unos días y sobre sus pétalos se ha depositado esta mañana la blancura formando preciosas acumulaciones que parecen de algodón.


El almendro viejo tiene una floración completamente blanca pero éste expone un tono intenso rosado en sus capullos y en la parte inferior de sus pétalos. Qué hermoso es!! Con su aire oriental y esa impresión tenuemente rosada que le aporta una especie de nebulosa alrededor de las ramas...

Espero tener una pequeña cosecha de almendras este año aunque este tiempo tan ventoso no sé si no va a afectarle con una caída precipitada de sus flores.
Más adelante, ya recorrido el camino norte, me fijo en la barandilla de metal que bordea una de las dos grandes terrazas frente a la casa. Sobre ella crece ya una glicinia y con el tiempo llegará a cubrirse de rosales rambler que cuajarán con sus flores este espacio. Desde aquí se divisa el pueblo a lo lejos y estar sentada en este terraza con el fresco de la noche en verano es un verdadero placer.
Algunos rosales tenían sus incipientes hojas cubiertas prácticamente. No me hace sufrir la nieve. Es el hielo lo que me preocupa. La nieve no deja de ser una capa protectora de las bajas temperaturas.
Hoy tengo mucho que hacer así que me he venido de recogida pronto y he dejado a mis espaldas el jardín trasero en el que incluso el camino de piedra iba desapareciendo sobre el blanco que cubre hoy todo mi jardín en invierno todavía pero ya a las puertas de la primavera. 
Esta nieve se deshará poco a poco y rezumará agua.. más bendita agua para mis plantas. 
Feliz fin de semana queridos lectores. Gracias a todos por leerme.