viernes, 24 de noviembre de 2017

Tras la protección del jardín frente al frío, nuevas plantas (nuevas ilusiones)

Estamos a las puertas de lo más riguroso del invierno. Como cada año, en el mes de noviembre preparamos el jardín para que afronte los rigores de la estación lo mejor posible. 

No voy a extenderme aquí en el modo en que realizo estos trabajo de incorporación de una generosa capa de estiércol bien curado cubierto con una gruesa capa de acolchado en forma de corteza triturada. Quienes no hayan leído en su momento las entradas dedicadas a este tema puede pinchar en los enlaces siguientes:
Muchas matas de perennes aunque aún no ha helado están bastante deterioradas por las temperaturas frías y porque los días son ya muy cortos y la merma de horas de luz solar impide que broten. Deshacerse de esta vegetación envejecida elimina la sensación de cierto desaliño que en otro caso se prolongaría durante los meses que vendrán. Pero además, para poder incorporar debajo del acolchado una buena capa de estiércol hay que retirar previamente éste. El hecho de cortarle la "melena" a estas matas facilita enormemente este trabajo y una vez depositado el estiércol en el suelo igualmente resulta más fácil poner de nuevo el acolchado que lo cubrirá.
Estos trabajos son quizás unos de los más duros del año. Son muchos metros de arriates los que en mi jardín hay y realizar todas estas tareas lleva bastantes días. El año pasado creo recordar que pedí seis metros cúbicos de estiércol y este noviembre han sido siete y me he quedado cortar. Generalmente siempre pido un metro más que me gusta dejarlo de reserva para incorporar en las plantaciones y para hacer distintas mezclas de sustratos pero he gastado hasta la última gota de manera que cuando vengan las siguientes plantas tendré que volver a pedir.
Lo cierto es que a la hora de comprar o hacer encargos de tierras, abonos y sustratos hay que ser generoso y es mejor pasarse que quedarse corto. El estiércol y el sustrato de plantación son dos elementos que yo siempre tengo de reserva en buena cantidad porque luego, a lo largo del año siempre se precisan. En el vivero dónde lo adquiero no me cobran portes a partir de tres metros cúbicos así que aprovecho para procurar pedir siempre algo más de las previsiones del gastos que haré. Esta es la teoría pero la verdad es que como cada vez hay más y más plantaciones las cantidades van en aumento y es difícil de calcular y como digo, esta vez me quedé corta.
Se hace necesario retirar antes de nada la capa superior de acolchado que cubre las plantaciones.
Una vez retirada la capa de acolchado y antes de extender el estiércol es el momento en el que aprovecho para hacer reubicaciones de algunas plantaciones. A quién no nos pasa que calculamos mal las distancias? Un rosal que creímos iba a crecer menos y en un par de temporadas se ha quedado algo estrecho entre los arbustos que lo rodean; una vivaz que no le gusta el sitio; una plantación que recibe más sol de la cuenta y hemos comprobado que durante el tórrido verano se achicharra... El jardín está en constante movimiento siempre. Verdad? Pues bien, creo que ahora es buen momento  para cambiar esas plantas de lugar y buscarles una mejor ubicación. No me gusta ni plantar ni trasplantar con heladas fuertes. Prefiero unas temperaturas menos rigurosas. Este invierno, poco habitual en cuanto a su calidez y teniendo todavía temperaturas que son suaves comparativamente a las que "gozaremos" en enero y febrero, las plantas no se resentirán tanto con el traslado. Pero además ahora ya, aunque no estén todavía en parada vegetativa, ya no sufrirán como de haberlo hecho en plena actividad en verano.
Sin duda también es ahora cuando podemos aprovechar para eliminar las plantas muertas.
Lo ideal sería haber dispuesto ya de los rosales a raíz desnuda del año y de las nuevas adquisiciones pero desgraciadamente por las circunstancias personas que he tenido no estaba yo muy por la dedicación que precisa hacer los pedidos así que estas plantaciones tendrán que aplazarse quince o vente días, que serán los que tarden en llegar.
Mientras he hecho estos trabajos de protección y enriquecimiento de la tierra he aprovechado para eliminar de raíz cualquier piedra, raíces secas y malas hierbas que iba viendo; he nivelado zonas de plantación y de caminos que se deterioran al transitar por ellos, con las lluvias y el propio deterioro que produce Iker (mi perro) cuando "cabalga" literalmente por el jardín.
Y una vez hecho todo esto sí, es el momento de hacer un buen riego en profundidad. Pensemos que este otoño en mi zona no ha caído prácticamente ni una gota y que el riego por goteo ya está cerrado así que conviene darle al jardín un buen riego abundante que impregne bien la tierra que rodea todas las plantaciones. Solo después de todo esto hay que extender con mucha generosidad el estiércol y luego, cubriéndolo volver a colocar el acolchado sobre el.
El jardín de esta manera está limpio, ordenado, con la humedad necesaria en la tierra, nutrido y bien protegido del frío...preparado para recibir lo peor del invierno!!
Este año no tenía el ánimo de otros momentos pero como soy tan cochinamente cumplidora he sacado fuerzas de flaqueza y no me he planteado la posibilidad de no hacer las tareas que creía necesarias. Si hacía caso de mi estado de ánimo y aplazaba o no realizaba lo necesario vería el jardín descuidado y eso, a la vez, me haría decaerme más. Así que no sólo por él si no por mí misma, he afrontado como he podido esta vez estos trabajos. Desde el lunes pasado todos estos trabajos están realizados. Pedí quince días de vacaciones para realizarlos así que estoy exhausta y la verdad es que supongo que por los acontecimientos, he estado a punto de no hacer pedido alguno pero luego me he dicho que ni hablar!! Que de eso nada. Que las ilusiones si no se tienen hay que "forzarlas" y me he obligado a mirar qué me gustaría que la próxima temporada crezca en mi jardín.
Y sabéis qué? Que el desánimo me ha durado apenas los primeros momentos. Enseguida, viendo las páginas de viveros que venden a través de Internet la ilusión ha hecho su aparición rápidamente y eso me ha hecho sentir muy bien!! :) Sí, hay que forzar a veces las cosas y sí, a veces tenemos que dejar de escucharnos y no hacer demasiado caso de nuestro cansancio o de nuestro bajo estado de ánimo. En ocasiones si fuera por ganas...no haríamos nada. Yo no habría hecho nada este mes pero sabia que a la larga hacer caso de mi cansancio y de mi falta de ilusión solo prolongaría este estado de ánimo, así que he hecho las cosas que creo que a la larga me ayudarán a recuperarme antes. Qué buena cosa es esto de tener un jardín en el que trabajar. Un espacio que nos necesita y que sabemos que sin nosotros pronto se descuidaría. La responsabilidad de tenerlo bien cuidado redunda, creo, en beneficio propio. El jardín te necesita y tú tienes que estar ahí, al pie del cañón. Verlo bien ayuda a sentirte mejor. A mí me pasa, seguro que a vosotros también os ocurre algo semejante. No es así? ;)
En el jardín nunca se termina pero hay cosas que pueden aplazarse un poco más. Las tardes de esta semana, como ya no tenía obligaciones pendientes que fueran urgentes, he ido viendo todos los rincones del jardín, buscando lugares de plantación. Estaba tan limpito y lindo!! No me ha costado mucho esfuerzo aquí y allá: "ummm...aquí estaría precioso este rosal" o, aquí falta "otoño" y se te ocurre enseguida un precioso arbusto que encienda de rojo ese rincón la próxima temporada. Así que dicho y hecho, desde el lunes me he sorprendido a mí misma de nuevo con ilusión por las nuevas plantaciones. Ayer hice mi pedido de rosales a raíz desnuda y esta mañana he enviado el de vivaces y arbustos. 
Los comparto con vosotros aunque sea a modo de listado. Las imágenes no son de gran calidad ya que corresponden a las del vivero dónde las he solicitado. Cuando estén creciendo en el jardín os comentaré más en detalle.
Calycanthus floridus o árbol de las anémonas. Parece ser que se trata de un arbusto de fácil cultivo, caducifolio y con un precioso otoño.



Aronia x arbutifolia 'Brilliant' es uno de esos arbustos que a todos nos gustan: bonita floración en primavera, llamativa (y sabrosa) fructificación y una coloración encendida en otoño. Parece ser que crece bastante rápido. Ya veremos qué tal se porta aquí conmigo...


Imagen de Pintarest

Imagen de Pintarest

Heliopsis helianthoides 'Summer Sun'

Phlomis cashmeriana

Phlomis russeliana


Cercidiphyllum japonicum, árbol del caramelo, también llamado "katsura"en Japón. Aunque la forma de sus hojas es muy semejante a Cercis siliquastrum no pertenecen al mismo género. El otoño de este arbusto/árbol es magnífico. Verdad? :)


Imagen de Pintarest
Un pequeño surtido de salvias. Me encantan!! S. Guaranitica y S. Verticillata no las he cultivado nunca, estas son las tres variedades que he elegido:

Salvia guaranitica 'Amistad violet'

Salvia guaranitica 'Black and Blue'


Salvia verticillata 'Purple Rain'

Verbascum 'Pink Domino'

Verbascum 'Show Maiden'

Cirsium rivulare 'Atropurpureum' Esta vivaz la intenté el año pasado pero creo que recibió más riego del que precisaba y no superó el verano pero voy a intentarlo de nuevo!!

y 20 Fresas 'Mara des bois' (Remontante) a raíz desnuda. Hasta ahora siempre he comprado plantones de fresales, esta vez voy a probar a raíz desnuda. Creo que irán mejor aún.
No quiero terminar este artículo sin dar las gracias. Son tantos los correos que he recibido dándome ánimos. Son tantas las palabras de apoyo que me han venido de vosotros, mis lectores... que como no agradecer tanto cariño? En mi bandeja de entrada han llegado escritos que me han emocionado. Dándome las gracias a mí...jajajaj soy yo la que os debo todo el agradecimiento a vosotros!! 
En este momento, bastante duro, vuestros mensajes, vuestro apoyo, vuestras palabras me han servido, me están sirviendo de mucho. De verdad!! No sabéis hasta qué punto me han hecho sentir bien...Gracias. Gracias mil!! 
Feliz fin de semana, queridos lectores y amigos :)


domingo, 5 de noviembre de 2017

Cerrando una etapa y abriendo otra.

Bajo del tren y me encamino al autobús y mi único pensamiento mientras descendemos por el puerto es qué sentiré cuando vuelva en un rato a entrar en mi jardín. Es un pensamiento recurrente y no logro encontrar una respuesta que me resulte válida. Debería sentir una inmensa alegría. Debería sentirme diferente, debería sentirlo distinto. Debería sentir, ahora sí, que es mío. Una y otra vez la misma pregunta. Qué sentiré? Cómo me sentiré? Cómo lo sentiré?

Todavía queda buena parte de la tarde. Calle abajo miro las montañas de Ávila que se ven a lo lejos frente a mi casa y tan pronto me aproximo ya escucho los ladridos de alborozo de Iker que me dan la bienvenida antes de llegar del todo. Sus empujones de costumbre, su acoso para lograr un premio que saco de mi bolsillo. Apenas dejo el ordenador y el bolso en el salón me dispongo a pasearlo —Lo haré despacito, deteniéndome, desmenuzando mis emociones, escudriñándolas—
Me paro al inicio del camino del seto norte y desde allí contemplo la preciosa vista que hay del pueblo a lo lejos. Paseo despacio mi mirada por los enebros —Tus enebros— me digo a la espera de sentir algo especial. Sigo. Miro la mancha de intenso carmín del P. Quinquefolia de enfrente y hacia allí me dirijo. Rojo, rojo, rojo....vuelvo a buscar la sensación especial que esperaba sentir. No la tengo. Sigo recorriendo el jardín y me paro bajo los preciosos olmos que a estas horas lucen hermosísimos con el sol todavía bañando sus hojas. Me emociona la luz. Como siempre. Pero más que otras veces? Más que nunca? Distinto? No. Me encamino hacia el Jardín secreto y lo recorro. Me detengo en el Acer palmatum y me fijo en que en sus hojas comienzan a aparecer manchas de un rojo brillante. Busco de nuevo una sensación que convierta mi emoción en algo diferente. Busco tener una mirada distinta sobre él. Busco sentir algo que no haya sentido nunca paseándolo. No encuentro nada de ello. No siento nada que no sea lo que siento siempre que lo contemplo o lo recorro. No me siento diferente de cualquier otro día. Cómo es posible que tras esta jornada no deje de ser esta tarde igual a cualquier otra tarde de estos cuatro años? No es decepción, es extrañeza. 



El documento firmado esta mañana y que reposa sobre la mesa de mi salón no ha transformado nada en mi interior. Mi corazón no siente nada distinto. El color extraordinario del Rhus typhina no me emociona más que otra veces, los escaramujos los veo igual de bellos que siempre y entonces me doy cuenta de que estoy buscando en el lugar equivocado. No es mi corazón el que debo analizar. Descubro mi error sentada en el borde de la plataforma de hormigón mientras miro las hojas de vibrante escarlata del Parthenocissus quinquefolia. Recorro minuto a minuto mi día hacia atrás. Hasta el primer momento de la mañana antes incluso de que naciera el día.



Miércoles, uno de octubre de 2017. De temprano me levanté. Noche cerrada. Me eché un chal por encima y como hago siempre, asomé la nariz por la puerta de la cocina que da al jardín trasero.  Mientras subía el café puesto al fuego decidí acercarme a la casita de madera para poner una lavadora y aprovechar para doblar algo de ropa que estaba pendiente del día anterior. En el trayecto hacia allí escuché tras mis pasos los de Iker y al rato sus empujones cariñosos —Buenos días Iker, no seas bruto!!— me escuché susurrar mientras mi mano acariciaba su lomo. Qué bruto llega a ser este perro. Si no me ando con cuidado más de una vez me ha hecho perder el equilibrio y casi caerme.
Había tiempo, mucho tiempo. Tener margen por delante me tranquilizaba. No era día de correr, ni de apresuramientos, ni de hacer nada que me intranquilizara más. Bastante nerviosa estaba yo!! Tranquilamente fui doblando las toallas sobre la tabla de la plancha, asomada a la ventana, vi a través del cristal el escorzo del olivo y apunté mentalmente en mi agenda el recoger las aceitunas para endulzarlas. Mientras iba doblando miraba a través de aquella ventana y en realidad la oscuridad me impedía ver prácticamente nada pero sabía, porque me sé de memoria todos los espacios, qué sombra era la encina y que aquella mancha a lo lejos era la higuera y que a los pies de los primeros postes de la baranda de madera que cruza el jardín crece una mata de lirios. Cómo no saberlo!! Si he transformado con mis manos cada centímetro de tierra que forma mi jardín... Lo sé, lo he aprendido tanto que para mí es un mapa en el que puedo situar todos y cada uno de los detalles, todas y cada una de las piedras... En pocos minutos las toallas y sábanas estuvieron listas y coloqué sobre mi cadera el cesto de la ropa limpia doblada para llevármelo en el camino de regreso a casa. Pasé al lado de la mimosa que el año pasado sufrió una gran fractura en una de sus ramas principales —A estos bichos no hay quien los mate!!— Ésta, como las demás que crecen aquí, ya tiene sus ramos florales formados. Ya están en ciernes las flores que llenarán con su aroma el jardín en marzo y que lo teñirán entero de amarillo.


A mi regreso el café borboteaba en esa cafetera que tengo desde hace algo así como cuarenta años, que a base de cumplir su función durante tanto tiempo,  está negra por fuera como el betún pero que funciona estupendamente y que de momento no voy a cambiar. Apenas abrí la puerta el aroma del café me golpeó la cara. Justo a tiempo para que no se quemara!
Mientras me preparaba el primer café en mi tacita de cristal de siempre analicé mi interior. Qué sentía? Inquietud, inquietud, inquietud... Era tanto el tiempo que llevaba esperando que aquel día llegara!! Casi cuatro años!! Tiempo para tanto y tiempo para tan poco. Tiempo para que algunos rosales comiencen a ser adultos; tiempo para que el jardín empezara a ser algo más que un muestrario de plantaciones diminutas. Tiempo de haberme adaptado a él y de que él se adapte a mí, qué remedio le cabe al pobre si no tiene otra jardinera que lo cuide!! jejejje  Tiempo de que hayan florecido cuatro veces las mimosas, cuatro veces los almendros, cuatro veces tiñéndose de amarillo o de rojo según el año las hojas del Liquidambar y de que el jardín se haya vestido y desvestido cuatro veces con los trajes de las temporadas. Verde tierno y rosas a mansalva; verdes pajizos y sequedad; rojo, amarillo y cobre, frutos y escaramujos.... y las cortezas, las ramas sin vestido, la nieve sobre el suelo, la helada de madrugada... la desnudez en invierno. Cuatro años, cuatro veces, cuatro ciclos
Y a la vez, tiempo para tan poco! Aún los malus no tienen ni el asomo de la belleza que llegarán a tener con los años; aun los R. 'Pierre de Rosand' no son imponentes; aún el membrillero no dio sus primeros frutos; aún no fructifican los manzanos del huerto... Sí, tiempo para tan poco. No están hechos los caminos albergando en su superficie las piedras que tengo pensado colocar, ni se yergue pérgola alguna en mi jardín, y el estanque amplio de formas naturales y sinuosas, de belleza serena en cuyas aguas sobrevuelen las libélulas y dónde croen las ranas solo existe en mi imaginación porque aún no hubo tiempo de crearlo...Todavía no ha florecido un Rosa 'Mermaid´ que cuando pasen unos cuantos años trepará  por la fachada este de la casa y sus rosas protegidas del sol del mediodía conservarán sus tonos amarillo pálido durante más tiempo. No ha florecido porque en realidad formará parte del próximo pedido de rosales a raíz desnuda. Este rosal y otros que vendrán no han tenido tiempo de crecer todavía aquí. El tiempo, tan relativo. 



Todo listo. Ordenador, dos copias del contrato de compraventa que en unas horas se firmaría en Madrid, DNI, un bolígrafo, un paquete de tabaco para calmar la inquietud que me atenazaba, unas monedas sueltas por si las precisaba, unos cuantos billetes, los horarios de trenes, Metro y autobuses de regreso...Dos, tres, cuatro veces pasé revisión a todo. Vamos allá! Qué pasará? —No le mires a los ojos cuando firme. A los ojos no— Habrá algún incidente? Todo saldrá según lo previsto? Las firmas se estamparán en estos papeles impresos por duplicado. Por enésima vez compruebo que el contrato está en el bolsillo externo del maletín del ordenador —Sí, están. Sí, tranquila—Ya he comprobado tres veces que llevo monedas sueltas para pagar el billete de tren pero por si acaso vuelvo a abrir el bolso y me cercioro —Quién deberá firmar antes? Ellos? Yo soy la parte compradora. Después de ellos entonces?—  Qué distinto es todo esta mañana a lo que hace cuatro años imaginé. Yo sola, sin él. Yo sola o mejor, solos Iker y yo. Hace ya más de un mes que es así pero el tiempo, ese tiempo que es tan elástico, tan subjetivo, tan largo o tan corto dependiendo de para qué, no me ha permitido todavía acostumbrarme y aún debo devolver la mitad de puñados de arroz cuando hago paella porque se me van las manos a raciones de dos —A los ojos no porque todo el dolor de estos cuatro años se te pondrá detrás de los párpados y se te derramarán. A los ojos no porque se te escapará el alma por ellos— Y el propio pensamiento me hace llorar por un instante pero no, me rebelo contra mí misma —No, más llanto no. Para!!— Me enjugo las lágrimas y me repongo. Miro el reloj del móvil y aunque voy con tiempo de sobra me apresuro. Listo. Ahora sí. Cierro todas las cremalleras del maletín del ordenador. Me enfundo una parka pero decido finalmente quitármela. Me conozco, cuando estoy nerviosa suelo tener calor así que la dejo en el respaldo de mi silla.
Cierro la puerta de la cocina por la que salgo y lleno el barreño de Iker con agua fresca y limpia y su pocillo de comida también. Echo el pestillo de la puerta del jardín y miro por encima de ella por última vez el jardín trasero y mi casa —Mi casa? La casa de ellos? Es mi casa pero no lo es todavía. Cuándo algo llega a ser tuyo? Sí, claro, por mucho que uno cuide, mime, proteja y embellezca algo, no es tuyo si una Escritura no dice que así es. Vamos. Queda tan solo unas horas y todo terminará y todo podrá comenzar. Comenzará algo distinto y terminará algo pasado. Cuando regreses esta ya será tu casa. Ojalá! Me animo a mí misma— Me despido de Iker y emprendo camino al autobús. Apenas tres minutos y estoy en la estación. Yo sola, es un miércoles festivo y no hay nadie en la estación. Llego con demasiada anticipación. faltan aún diez minutos para que venga el tren y por fin la megafonía lo anuncia —Tren procedente de Ávila con destino Chamartín. Vía 2— 
Me acomodo. Son las ocho cuarenta y cinco y escribo mi primer mensaje en wassap para informar a los otros firmantes —Acabo de coger el tren, en menos de una hora llegaré a Madrid—El día ya ha nacido hace rato y el maravilloso paisaje de la Sierra de Madrid corre hacia atrás ante mis ojos en la ventanilla a mi derecha. Es otoño. Está claro. Qué hermosa está toda la Sierra!! En poco el bosque de La Herrería aparecerá ante mis ojos y las cúpulas del Monasterio de El Escorial harán su aparición a la izquierda —Qué maravilloso paisaje éste —Qué suerte vivir en este entorno me digo— Me viene a la memoria un bocadillo comido precipitadamente con él allí cerca del Monasterio hace casi diez años. Qué distinto era todo!!  Aquel día fue el primero que vi la parcela que hoy es mi jardín. Mi Wassap empieza a sonar. Uno tras otro todos los míos envían sus palabras cariñosas, su ánimo, sus deseos de suerte, de que todo salga bien. Tan lejos todos y tan cerca en mi corazón. Mi familia, "el clan" como alguien les llama. Así es, un clan, un poco gitano en cuanto a apoyo y en cuánto a hacer piña cuando uno de los nuestros lo necesita. Uno tras otro llegan los wassaps no faltó el de nadie —Técnicamente estoy sola, me digo, pero no me siento sola, están ellos—  Me sonrío—Le miraré a la cara cuando él estampe su firma? No, mejor no le mires María, mejor no mires esos ojos que ya son de un desconocido porque te desbordarás y no podrás reprimir el llanto. Ese no será el escenario adecuado— Los trenes son buenos lugares para el pensamiento. Sitios en los que la mente puede ir y venir tranquila sin más despiste que el que supone la visión del paisaje que corre al lado del camino de hierro y que más que distracción es siempre un acicate para la reflexión
Torrelodones, Las Matas, Pinar, Pitis, Ramón y Cajal. El tren va tragándose estación tras estación. La próxima, Chamartín. Bajo del tren. La ciudad me inquieta, no siento nada parecido a lo que siento en mi entorno habitual. Aprieto con fuerza las asas de mi maletín y me encamino al metro. Dos transbordos y estaré en el Barrio de la Concepción. De nuevo mi Wassap les informa de que ya he llegado y en breve se acerca su hermano a la mesa de la terraza del bar dónde estoy haciendo tiempo. Un café rápido y subimos a casa —Mejor en la salita— Propongo. 
Miro la mesa camilla en el centro de la estancia y me pregunto de cuántas conversaciones preñadas de alegría y de tristeza ha sido testigo esta. En todas las casas las mesas son muebles especiales. Siempre lo he pensando. Reúnen alegrías de todos, centran reproches, asisten a enfrentamientos, a perdones, a ofensas y a treguas y son testigos mudos de generosidades, de agravios, de amores y desamores. Cuántos secretos podrían revelar las mesas de cualquier casa me digo...
El ordenador abierto, saco los dos ejemplares del contrato, su hermano me ofrece el Poder Notarial de ellos, la anotación del número de la cuenta bancaria beneficiaria de mi transferencia anotada en un papelito —Leemos antes de firmar?— Propongo. Todos leemos. Yo en realidad no leo, hago como que leo para no desentonar pero me sé de memoria lo que dice ese contrato. En el fondo creo que ninguno de ellos lee. Mientras ellos van firmando yo reviso el Poder Notarial. Su hermano firma el primero y cuando se lo pasa a él no cumplo mi promesa. Lo miro y me fijo en cuánto le ha crecido el pelo durante este mes en el que ya no está conmigo. De nuevo, como aquel día que le vi la primera vez, una raya se dibujaba en su pelo —Se habrá pronunciado esa raya solo para fastidiarme porque sabe lo poco que me gusta ese aspecto antiguo que le da? Con lo bien que le sienta el pelo casi rapado!!— Trato de quitar el tonto pensamiento de mi cabeza pero no puedo dejar de mirar aquella raya mientras firma. Los papeles van pasando de mano en mano y cada uno va rubricando sobre su nombre. Sólo el movimiento que hace con el contrato en su mano ofreciéndomelo como para sacarme de mi distracción logra traerme de nuevo a la escena real. Lo apoyo sobre la mesa y rubrico sobre mi nombre mecanografiado y bajo aquella frase en mayúsculas que dice: La parte compradora. El corazón me late en la cabeza. Siento tantas cosas! Reviso las seis páginas del contrato. Compruebo la hora. Son las doce y cinco de la mañana. Todas las firmas en todas las páginas. Listo!
Su hermano se brinda a bajar al chino para hacer fotocopia del Poder Notarial que especifica el contrato. Ya no queda nadie en la salita  y él y yo nos quedamos a solas frente a aquella mesa.  Ato mis ojos al mantel que la cubre —No, a los ojos, no. Disimula, mira a cualquier parte pero no mires sus ojos porque todo el dolor de estos últimos años vendrá de pronto a tu corazón y no podrás contenerlos. A los ojos no porque esos ojos por los que se te metía el alma hace diez años hoy pertenecen a un extraño— Hablo y no sé qué digo solo hablo para llenar el silencio y de repente escucho —Bueno, por fin es tuyo— La cuerda que ataba mis ojos a la mesa se rompe y sus ojos aparecen ante los míos. Cuatro años casi se proyectan de golpe en aquel segundo. Cierro mis ojos e interiormente se repite en mi cabeza su frase —Bueno, por fin es tuyo— La garganta me arde y un nudo dentro se desata. Maldita sea! Tengo una extrema facilidad para que mis lágrimas salgan sin poder dominarlas cuando mi corazón se embarga de emoción. Siempre ha sido así de modo que en cuanto noto que empieza a ocurrir me levanto precipitadamente secándome los ojos con el dorso de mis manos mientras me encamino al baño. Me permito abrir compuertas un minuto, justo para relajar el nudo de mi garganta.
Cuando vuelvo a la salita su hermano ya ha regresado y grapo la fotocopia que me entrega al contrato. Cierro mi maletín y trato de atemperar mi corazón que se desboca dentro —Vamos, ya está. Unos minutos y ya está. Tranquilízate!—  Solo me queda despedirme de ella. Tan chiquita, tan menguada. La dueña de las mimosas de mi jardín. La mejor cocinera que yo he conocido y de la que tanto he aprendido... Me arrodillo frente a su silla para que su cara  y la mía estén en el mismo plano y le susurro mis gracias infinitas mientras me llega su mirada aún chispeante a pesar de su edad. Tomo sus manos entre las mías y desgrano mi agradecimiento sincero y profundo mientras ella me sonríe. No sé las veces que pronuncié la palabra gracias el miércoles. Fueron muchas pero seguro que no suficientes. Es tanto lo que este jardín me ha permitido y a partir de ahora me permitirá. Es tanto lo que he aprendido en él y lo que me queda por aprender. Es tanto lo que me inspira el espacio que rodea mi casa... Cómo no agradecerle que por fin, tras casi una vida entera soñando con tener un jardín de verdad pueda ahora disfrutar ya de uno! Cómo no dar las gracias por mis enebros, por mis encinas, por ... las piedras, por mis rosas, por la vida sobre bajo mi tierra e incluso por las malditas mimosas? jejeje
Ya no hago nada allí. Tomo mi maletín y salgo por aquella puerta y al traspasarla me viene al pensamiento con todo detalle la tarde en que entré por primera vez en aquella casa hace cosa de diez años.  Aquel día entramos dos. El miércoles él quedó dentro y yo tomé el ascensor sola. 
De nuevo en el metro. De nuevo en el tren recorriendo el camino inverso. Ramón y Cajal, Pitis, Pinar, Las Matas, Torrelodones, De nuevo El Escorial, esta vez a mi derecha. De nuevo en mi jardín, ahora sí, mi jardín.


Pero hoy es más mío que ayer? No lo ha sido durante estos casi cuatro años? Yo no lo siento así hoy. Yo no siento que sea más mío ni siento nada distinto a lo que llevo sintiendo todo este tiempo. Y allí, en la plataforma de hormigón me pregunto si siente una madre un hijo de acogida menos intensamente que una adoptiva o la que lo tiene pariendo? No. Un hijo es tu tuyo no porque ningún papel lo diga. Un hijo es tu hijo porque lo amas, porque lo cuidas, porque lo amparas porque lo proteges y porque sufres con su desgracia y te alegras con su bienestar.
Dejo de buscar en mi corazón segura de que no hallaré nada nuevo en esta última mirada sobre él porque no lo cuidaré más a partir de hoy, ni lo gozaré más, ni me dolerá menos, ni mis desvelos serán menores ni mis alegrías mayores a partir de hoy. Esta tarde solo tiene algo diferente y no está en mi corazón, está en mi parte racional. Sí. Sí hay algo distinto esta tarde, algo novedoso, sí tengo hoy por fin algo que nunca había tenido: La certeza, los derechos, la seguridad que te otorgan los documentos firmados. Solo eso o nada más y nada menos que eso. Según se mire. Sin ellos la zozobra de que se muriera si yo no estaba. Con ellos la seguridad de que seguirá vivo mientras yo lo esté. Sin ellos el miedo de morir de pena sin él, con ellos la paz interior de saber que seguiré estando aquí, a su lado. De forma distinta. En número distinto pero estando. No serán cuatro brazos si no dos, los míos, los únicos que lo cuidarán. Pero serán suficientes. Deseo que lo sean. No volveré a conjugar los verbos en plural y tendré que hacerlo exclusivamente en la primera persona del singular. No importa! Las heridas sanarán. El dolor irá mitigándose. La ilusión encontrará de nuevo su camino de retorno hacia mi interior. La esperanza será un buen agarradero y tras este naufragio, cuando la tempestad remita y las aguas vuelvan a la calma, volveré a ponerme en pie, volveré a recomponerme, volveré a sacudirme a zarpazos la tristeza de mi alma y verteré sobre mí una nueva mirada que me obligue a sentir la autoestima que he perdido, dejaré de verme como me veo alguien con bastante poca valía.
El invierno gélido pasará y la próxima primavera nacerán nuevas rosas. La próxima primavera en mi jardín se abrirá la primera flor de un bello Rosa 'Mermaid' y yo volveré a quedarme absorta ante la belleza, como hago siempre y la simple contemplación de sus hermosos estambres me hará feliz. La próxima primavera, cuando todo vuelva a brotar lo miraré y me diré —Tendré que hacerlo porque es cuestión de supervivencia— me diré que soy una estupenda jardinera! Que sé cuidar de esta tierra y que es mi constancia y mi trabajo los que me hacen merecedora de los premios que me otorga, sus rosas, sus escaramujos, sus colores, sus aromas. Aunque sepa que no es cierto, que las rosas no son mis premios si no simples procesos de la Naturaleza. Pero aún sabiendo la explicación racional de todos los procesos será inevitable que siga viéndolos también desde la perspectiva que siempre los veo: los de la pasión y el sentimiento. Solo así siento la jardinería. Ciencia sin corazón no me vale. Corazón sin conocimiento no le valdría a él. Un binomio inseparable.

Me asombra mi capacidad de recuperación, o al menos de hacer el intento de lograrla. Me sorprendo a mí misma sin esperar siquiera al día siguiente. Allí, sin levantarme siquiera del borde de la plataforma de hormigón tomo mi móvil y hago una llamada para encargar siete metros cúbicos de estiércol maduro. Aquella tarde, sin dejar que pasara ni un día, sin más dilación,. Tenía que haberse extendido el mes pasado pero la situación necesitaba que yo centrara todas mis fuerzas en dedicarme a solucionar la parte legal aún a expensas de cierta desatención del jardín. Ya está solucionada, ahora a volver a darle los cuidados que precisa y  volviéndolo a atender, tener la sensación de que me atiendo a mí misma.
Hoy domingo de nuevo empiezo a levantar los acolchados y a extender una generosa capa nutritiva, negra y protectora. De nuevo por quinta vez, prepararé mi jardín para que se eche a dormir durante los fríos meses del invierno. De nuevo las raíces de mis árboles guardarán los nutrientes que de sus propias hojas capturaron de nuevo antes de caer. De nuevo mis plantaciones podrán superar este invierno algo mejor con esta protección. Mi jardín dormirá durante unos meses. Los meses que yo necesito para descansar y reponerme de este naufragio. Tras ellos espero, deseo, necesito, que la luz vuelva a salir y que el sol vuelva a calentar mi tierra y mi corazón. Tendrá que ser así para que todo siga vivo, para que en marzo mis odiosas mimosas vuelvan a dibujar una sonrisa en mi cara y vuelvan a robar de mi alma el perdón aunque solo sea durante un mes… Hoy domingo comienzo a cerrar un ciclo, el de la temporada de mi jardín y el de una etapa de mi vida. Los dos nos echamos a dormir y tras el sueño volveremos a brotar. Tiene que ser así, yo buscaré las fuerzas dónde sea. Aunque sea debajo de las piedras!!
Feliz domingo, queridos lectores... ;)