jueves, 17 de septiembre de 2015

Consideraciones a la hora de comprar nuestros árboles

Elegir y comprar un árbol no se hace cada día. Son plantas caras, difíciles de transportar y cometer errores con ellas tienen soluciones más difíciles que los que se cometen con un pequeño arbusto o un rosal.
Parece importante por tanto pensar muy bien las cosas antes de tomar decisiones. 


La elección de la especie adecuada a nuestro suelo y clima es algo que no podemos ignorar. El pH de la zona dónde crecerá el árbol, las características del suelo, su capacidad de drenaje o no...determinan muchas veces que un árbol pueda o no prosperar. Hay árboles precioso sí, pero quizás son incompatibles con nuestro clima o con el tipo de suelo que tenemos en nuestro jardín. Tratar de que prospere un árbol en condiciones inadecuadas, además de trabajo para nosotros, sobretodo, supondrá un sufrimiento cruel para el propio árbol además de unos resultados poco aceptables. Incluso en casos extremos puede llegar a no prosperar.
Lo ideal es elegir especies aclimatadas a nuestra zona como las especies autóctonas u otras que sin serlo, crezcan sin dificultad en las condiciones reinantes en nuestro jardín.
La elección de la ubicación en el jardín es determinante. Trasladar un árbol de un lugar a otro del jardín, además del trauma que ocasionamos al ejemplar, no es tarea fácil por la envergadura del propio árbol y por el de las raíces que ahondan en la tierra un vez arraigado. 
Las buenas relaciones vecinales serán difíciles de mantener si plantamos árboles tan cerca de la divisoria que invadan el terreno anejo con sus raíces, extiendan sus ramas más allá de nuestra propiedad o tapen la vista y la luz de nuestros vecinos. Así que yo aconsejaría respetar escrupulosamente lo que a este respecto la normativa que haya desarrollado nuestro Ayuntamiento y si no existe, en última instancia, siempre será de aplicación los Artículos 91 y 92 de nuestro Código Civil que regula las distancias de plantación a la divisoria
En relación a este asunto añadiremos una obviedad que en ocasiones olvidamos, los árboles, como cualquier planta, crecen!! Por tanto, en el momento de elegir el sitio en que los plantaremos no deberíamos olvidar que lo que un día mide dos metros metido en un contenedor, dentro de siete o diez años habrá alcanzado varios metros de altura y de envergadura.
El espacio del que disponemos tendrá que ser adecuado a la plantación como es lógico. Los árboles son seres impresionante hermosos y hacerlos crecer constreñidos entre muros, sin la luminosidad y el espacio alrededor adecuados, no conduce precisamente a tener ejemplares dónde su belleza se pueda desarrollar con todo el esplendor del que son capaces algunos de ellos.
Las distancias entre las plantaciones son de suma importancia. Las plantas no pueden crecer sin el espacio suficiente. Una proximidad excesiva entre ellas provoca competencia en nutrientes y agua que les perjudica impidiéndoles crecer sanas y fuertes.
Así pues, cuando decidamos ubicar un árbol en nuestro jardín deberemos pensar también en qué plantas lo rodean y como van a ser esas mismas plantas y el propio árbol dentro de unos años.
El tamaño que irá adquiriendo con el paso del tiempo, inevitablemente irá condicionando y modificando el espacio próximo. Así los arbustos que hoy, cuentan con determinadas horas de sol por no tener plantaciones de gran tamaño a su alrededor, dentro de un tiempo puede que queden totalmente umbríos debido a la sombra que proyectan los árboles cercanos al crecer. Y sabemos cuan determinante es el grado de luminosidad que disfruta una planta para poder vivir de forma adecuada. 
Y no serán solo las plantas alrededor las que se vean afectadas por esta merma de luz, también pueden serlo ventanas de la casa o zonas de estar en las que precisemos de sol.
Los árboles caducifolios ubicados en las fachadas sur de las edificaciones quedan protegidas del calor en verano y permiten disfrutar de zonas frescas bajo su sombra permitiendo el paso de la luz y el calor en invierno cuando sus ramas ya están desnudas.
Pero además, en su proceso de crecimiento, los árboles también modificarán el suelo en la medida que irán desarrollando raíces que pueden provocar la total invasión de plantaciones cercanas
En relación a ello consideremos que hay árboles con raíces que, por no extenderse horizontalmente no perjudican gravemente pero hay otros que se convierten en verdaderas pesadillas cuando comienzan a emitir chupones (Tal es el caso de mis odiadas mimosas o mis "simpáticos" Ulmus pumila ajajja)
Pero existe un aspecto que puede llegar a ser mucho más grave. Las especie con raíces invasivas pueden llegar a ocasionar graves daños en infraestructuras como conducciones de agua e incluso en los cimientos de las edificaciones.
Determinadas especies de árboles además, pueden ser un problema en el momento en que llegue el otoño y sus hojas caigan al suelo. Todos sabemos qué suponen las hojas de un Prunus cerasifera esparcidas sobre un suelo de piedra o unas baldosas!!! Hojas, frutos, vainas... elementos que pueden ser muy ornamentales, pero que depositados en zonas inadecuadas se convierten en problemas sin provocan resbalones en zonas de paso o hacen imposible su limpieza.
No quiero dejar de mencionar otro aspecto a tener también en cuenta a la hora de la elección. Hay especies muy propensas a contraer determinadas enfermedades o plagas. Quitar el pulgón de un rosal, por poner un ejemplo, no es una tarea imposible ni mucho menos. Eliminarlo de un ejemplar al que para llegar a la parte superior de la copa debamos subirnos a escaleras o contratar un servicio profesional para realizar la tarea, puede llegar a ser muy costoso y en todo caso, siempre será un problema.
Elijamos por tanto especies que sean poco propensas a la enfermedad y nos facilitaremos bastante la vida!!

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Bien, hasta aquí he enumerado algunas de las consideraciones que creo que se deberían tener en cuenta a la hora de comprar un árbol. Una vez elegida la especie sabemos que los árboles podemos adquirirlos en distintos "formatos"

Es posible comprar árboles en contenedor (Habitualmente de plástico). Es la forma más habitual de encontrarlos en los viveros y el que da mayores porcentajes de arraigo. Se trata árboles crecidos en los terrenos del vivero y que luego se trasplantan (ya sea en cepellón o a raíz desnuda) al contenedor en el que los adquirimos. Deben arraigar en este sustrato antes de ponerse a la venta. De venderse sin dar tiempo a ello puede redundar en los resultados a la hora de plantarlos en tierra.
Teóricamente, dado que las raíces permanecen intactas al plantarlos,  se puede realizar este trabajo en cualquier momento del año pero es preferible hacerlo en momentos en los que las temperaturas no sean extremas. Así, no se aconseja plantarlos cuando el suelo está helado o anegado y tampoco en pleno verano debido a las altas temperaturas.
Lo ideal es plantarlos al inicio del otoño, cuando las temperaturas se han suavizado y aún pueden arraigar antes de que lleguen las heladas del invierno.
Son fáciles de transportar y existe muchísima variedad en viveros especializados.
Quisiera apuntar aquí algo sobre lo que hay que estar precavido si el vivero en el que adquirimos nuestros ejemplares no es de nuestra confianza. Es frecuente que algunos viveros extraigan árboles del suelo y los enmaceten poniéndolos a la venta de inmediato y con ello no dándoles tiempo de que lleguen a emitir raicillas en el sustrato del contenedor. Es aconsejable asegurarnos de que el árbol está bien arraigado y para ellos simplemente deberemos tirar de él hacia arriba, que salga del contenedor sin dificultad puede hacernos pensar que no lleva el tiempo suficiente en él como para haber arraigado. Ojo con la picaresca!!
Pero también hay que tener cuidado con el caso contrario. El de ejemplares que llevan demasiado tiempo creciendo en el contenedor. El contenedor estará atiborrado de raíces que se han ido emitiendo en exceso durante los años de cultivo en él y el que éstas salgan por abajo, por el orificio de drenaje es una clara pista de este problema.
Las plantas que llevan demasiado tiempo en el mismo contenedor presentan el problema de que las raíces crecen de forma circular persistiendo esta tendencia muchas veces aún tras ser plantadas con lo que será muy difícil su arraigo ya que dificultará que el árbol emita raíces hacia el exterior del tronco que es lo correcto.

Árboles "en cepellón". Éstos tienen la desventaja de que inevitablemente, por mucho cuidado que se ponga, parte de su sistema radicular queda dañado cuando el vivero debe extraerlo de la tierra para transportarlos a nuestro jardín. Normalmente, una vez extraído del suelo, el pan de tierra suele cubrirse con arpillera o cualquier otro material que evite en buena medida la deshidratación de las raíces. Además, si el pan de tierra es de dimensiones algo grandes, los viveros suelen ponerles una especie de "cinchas" que recorren el perímetro para que el cepellón se mantenga lo más firmemente posible.
Se usa en especies que aguantan mal la plantación a raíz desnuda. y al igual que ellos, deben plantarse cuando el árbol está a savia parada. Es decir, cuando ha parado su actividad vegetativa y ha perdido la hoja. De hacerlo durante una estación en la que haga calor y las hojas aún permanezcan en el árbol, éstas precisarían de un aporte de agua y nutrientes para su conservación que el árbol, recién amputadas partes de sus raíces, y antes de haber tenido tiempo de emitir pequeñas raicillas en el suelo que rodea el cepellón tras la plantación, no estaría en disposición de proporcionar. 

En cepellón escayolado. Cuando el ejemplar es extremadamente grande y para preservar el pan de tierra con sus raíces a veces no hay otra manera que "escayolar" (con yeso) la parte externa del pan de tierra. La técnica consiste en excavar alrededor de las raíces hasta formar un buen cepellón y una vez extraído el árbol de la tierra, envolverlo con malla metálica que a su vez se cubre con una buena capa de escayola. 
Ello permite la manipulación y el transporte a grandes distancias y puede, si llega el caso, permanecer el árbol sin plantar durante algunas semanas ya que el yeso permite que las raíces respiren. También se usa este sistema en casos en especies que sufren mucho en el trasplante al romperles las raíces. Con esta técnica, que permite  la formación de cepellones de mayor tamaño se puede paliar de alguna forma lo traumático que supone el corte de la raíz pivotante.
No hace falta decir que ya que suele usarse en ejemplares de gran tamaño con la dificultad del manejo de cepellones muy voluminosos, éste en sí y la mano de obra que su preparación exige, encarece este tipo de formatos.

Y por último, a raíz desnuda. En cuestión de árboles no es un formato muy usado en nuestro país a nivel de aficionado (no así si hablamos de profesionales que sí suelen usar este formando), en cambio, cada vez aumenta más la plantación a raíz desnuda de otro tipo de arbustos. Pensemos en nuestros rosales. Un formato que abarata muchísimo los costes y que tiene un alto porcentaje de arraigo.
Los árboles a raíz desnuda (siempre caducifolios) son extraídos del terreno de cultivo dónde hayan crecido sin tierra alguna adherida a sus raíces. Ello limita su período de plantación y por tanto también de compra. Solamente los veremos a la venta en invierno ya que es únicamente es en esta estación cuando pueden ser plantados. En invierno el árbol está a savia parada. Sin actividad alguna y por tanto no sufrirá en el trasplante al no requerir humedad para alimentar a las hojas que ya no están.
Evidentemente  para los viveros son de más fácil transporte y manipulación con lo que se convierte en el formato más asequible económicamente.
Si se efectúa en el momento y de la forma correcta, no tienen por qué presentar indice de arraigo excesivamente inferior que los árboles vendidos en otros formatos.

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