sábado, 8 de noviembre de 2014

El tiempo de los membrillos...

Es tiempo de otoño, de colores con empaque, de hojas diciendo adiós a la vida llevadas por el viento, de acolchados que tiñen como de acuarela protectora los bajos de nuestros arbustos… de castañas y de sentarse a descansar. El otoño es la estación de la sensualidad, es la época en que más se despiertan mis sentidos en el jardín.

Es el tiempo de la consolidación. Después de las grandes floraciones de la primavera y el verano viene algo más de calma y de sosiego;  vienen menos rosas pero mucho más hermosas porque ya no deben luchar contra el sol abrasador de otros meses. Ya no está el trajín de las estaciones precedentes. Vienen los paseos largos y serenos, a paso corto, por el jardín, deleitándonos con  los ocres, amarillos, naranjas y el rojo omnipresente que todo lo inunda!!

Viene el delicioso aroma de una amorosa lumbre que nos abraza al sentarnos a su lado mientras los catálogos de rosas llenan nuestra mesa y soñamos con cascadas de flores sobre paredes aún desnudas preparando nuestro pedido de rosales a raíz desnuda para el invierno. El chisporroteo de las llamas crepitando son un telón de fondo para la reflexión… Es tiempo de  dejar de hacer para dedicarnos a pensar qué hemos hecho y también, claro, de soñar con lo que vendrá.


He bajado esta mañana al membrillero (Cydonia oblonga)  y he querido pensar que lo que colgaban de sus ramas, amarillos, llenos de una suave pelusa…era el segundo  regalo que me hacía este anciano frutal durante este año. El primero fue una floración esplendorosa que me cautivó. Cierto que no son tan bonitos y de buen tamaño como otros años pero es un arbolito  ya muy mayor y yo agradezco tanto sus rubios y rotundos frutos Probablemente los últimos a tenor del estado del pobre árbol. Seguramente me tendré que despedir de él en breve pero mientras llega esa hora el aroma de los membrillos inunda ahora mi cocina y me permiten llenar bonitos botes de cristal con sabores de la niñez, cuando se merendaba un trozo de pan con una onza de chocolate y si había suerte tu madre te acompañaba el pan con jalea, carne o compota de membrillo.

Son frutas que precisan de una elaboración para poder comerlas porque su sabor es demasiado fuerte y su carne extremadamente dura y bastante áspera al paladar. Pero una vez elaborados los tres que se preparan tradicionalmente (jalea, carne y compota) resultan de una suavidad y exquisitez que nadie sospecharía probando en crudo estas frutas.

Son recetas algo anticuadas las que hoy quiero compartir con vosotros. Lo sé. Pero invitaría a vencer la pereza asegurando a quién se anime que habrá probado pocas cosas más deliciosas que una buena tostada de pan untada con una generosa capa de jalea y que si acompaña de un buen queso un trocito de reluciente carne de membrillo pensará que ha merecido la pena el tiempo invertido en la elaboración de esta casera, fácil  y rica receta.
Allá van para quienes quieran intentarlo.


COMPOTA DE MEMBRILLO
Necesitaremos :
  • ·         ½ kg de azúcar
  • ·         1 kg de membrillos
  • ·         1 palito de canela
  • ·         Agua

Los pelamos y cortamos en trozos generosos. Agregamos a una olla la fruta, el azúcar y el palito de canela y cubrimos con agua el conjunto. Dejamos que cuezan hasta ablandar removiendo de vez en cuando y cuidando de que no se peguen a la olla y de que el líquido no reduzca del todo. Más o menos tardan una media hora larguita en ablandar.
Y eso es todo. Ahora solamente nos resta esperar a que se enfríe el preparado que envasaremos y guardaremos tapado en el frigorífico hasta uso. La compota puede tomarse sola pero acompañada de yogur resulta deliciosa!!

JALEA DE MEMBRILLO

Ingredientes:
  • ·         Membrillos
  • ·         Agua para cocer
  • ·         Azúcar

Limpiar con agua a conciencia los membrillos hasta eliminar del todo la pelusa que los cubre. Cortar las frutas en trozos  grandecitos.  Envolver las pieles y corazones en una gasa anudada y añadírselos al guiso. Esta opción es personal, a mí me gusta hacerlo así porque tanto pieles como corazones espesan bastante la jalea y le aportan buen sabor.
Cubiertos de agua cocer los membrillos hasta que ablanden.
Luego pondremos a colar la fruta cocida durante un buen número de horas o mejor hasta el día siguiente para que se escurra bien.
Reservamos el líquido y lo filtramos a través de una gasa de malla muy fina para eliminar cualquier impureza y que la jalea quede bien transparente.
Con la pulpa de fruta cocida se puede preparar la carne de membrillo. Para este preparado utilizaremos únicamente el líquido de la cocción.
Cuando vayamos a preparar la jalea pesaremos el líquido y ponerlo en un cacharro al fuego. Agregarle el mismo peso en azúcar y dejar cocer mientras se va disolviendo el azúcar. Seguir removiendo y cociendo si vemos que al tomar un poco de jalea con la cuchara y verter su contenido sobre la olla, vemos que éste cae muy deprisa desprendiéndose de la cuchara quedando la cuchara limpia.  
Sabremos que la preparación está en su punto cuando al verter la jalea que contiene la cuchara, ésta no queda limpia si no cubierta por una capa de jalea vertiéndose lentamente el resto formando una gotas alargadas.

CARNE DE MEMBRILLO

Ingredientes:
  • ·         Carne de membrillo cocida y bien escurrida
  • ·         su mismo peso en azúcar.

Esta receta recibe, según en qué partes de España y en Argentina y Chile, el nombre de dulce de membrillo.
Si hemos preparado anteriormente jalea tendremos la carne de esta fruta cocida, escurrida y lista para preparar la carne de membrillo. De lo contrario deberemos hervir los membrillo en agua previamente lavados y eliminado cualquier resto de pelusilla que tenga su piel. Una vez se hayan templado un poco para poderlos manipular los pelaremos  y eliminaremos la zona central que contiene las pepitas que es bastante dura y los trocearemos escurriéndolos a continuación muy bien.
Pesaremos la carne triturada y la pondremos en una olla con igual peso de azúcar a fuego lento.
A partir de aquí hay que echar otro ingrediente: Paciencia!! Jajaja tendremos que dejar cocer lentamente la carne removiendo con frecuencia para que no se agarre al fondo de la olla.
No es conveniente hacerlo a fuego fuerte.  Estará llegando a su fin el proceso cuando veamos que al apartar la carne de membrillo con la cuchara tratando de ver el fondo de la cazuela, ésta no vuelve rápidamente a su lugar tapando el fondo, si no que se mantiene en su sitio y el fondo de la olla sigue quedando a la vista.
Otra forma de tener certeza de que está en su punto es  cuando la cuchara (de madera) que estamos utilizando, se sostenga ella sola en vertical.
El proceso puede tardar entre hora y pico y dos horas y pico. Dependerá lógicamente de la cantidad de membrillo que estemos preparando.
Rellenaremos unos moldes con el preparado y una vez completamente frío los cubriremos con papel vegetal o film de cocina y los guardaremos en el frigorífico.
Al contener tanta proporción de azúcar y ser ésta un estupendo conservante podremos tener la carne de membrillo durante bastante tiempo en perfectas condiciones.

Tradicionalmente la carne de membrillo suele acompañarse de queso. Os aconsejo que probéis con algún queso con cuerpo, con sabor, como un manchego. Resulta exquisito!!

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